Fue una oscuridad misteriosa y sobrenatural. Podemos decir, y no podemos decir más, que fue la naturaleza simpatizando con la crucifixión de su Señor. Cuán densa fue esta tiniebla no lo podemos saber; pero debió llenar de asombro el corazón de la multitud que rodeaba la cruz.
Hubo también una tiniebla aún más profunda en torno al alma de Aquel que colgaba en aquella cruz central. Fue tan oscura, que incluso parecía abandonado de Dios. Nunca podremos comprenderlo, aunque sabemos que fue la expiación del pecado lo que produjo aquella oscuridad. Jesús envolvió en torno a sí mismo los lóbregos velos de la muerte, para que nosotros fuéramos vestidos con vestiduras de luz. Murió así en tinieblas, para que camináramos por el valle entre los resplandores de la luz celestial. Tuvo agonía en su última hora, para que tuviéramos gozo. Su cabeza llevó la corona de espinas y no tuvo dónde reclinarla al morir, para que bajo nuestras cabezas estuviera la almohada de la paz.
Nos es provechoso contrastar la muerte de Cristo con la de sus discípulos en todos los tiempos desde entonces. Él se estremeció ante el cáliz; ellos están ansiosos por beberlo. Él parecía abandonado de Dios; ellos miran con éxtasis y visión sin nubes el rostro del Padre. ¿Por qué la muerte significó tanto para Él, y por qué es para ellos una experiencia tan pacífica? Es fácil responder a esta pregunta. La muerte no tiene amargura para el cristiano, precisamente porque fue tan amarga para el Redentor. Él extrajo la maldición de la muerte, y ahora solo tiene en ella la dulzura de la bendición. En verdad, ya no hay muerte para el cristiano. Jesús abolió la muerte. Lo que ahora llamamos muerte ya no es muerte, desde que Él pasó por ella. Ahora es solo la sombra de la muerte, y aun la sombra está iluminada con los haces de la gloria divina que irrumpen del cielo. ¡Nunca olvidemos que tenemos luz en nuestro morir, porque Jesús tuvo oscuridad!
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Dark Valley
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.