Pensamientos vespertinos

El valor infinito de la sangre de Cristo descansa en su divinidad

La gloria y eficacia de la sangre de Cristo dependen enteramente de su deidad. Solo el Dios-hombre podía obedecer la ley, soportar su maldición y satisfacer la justicia divina por los pecadores.

La expiación de Cristo es de valor y eficacia infinitos. Si Cristo fuera una mera criatura, si no reclamara una dignidad superior a la de Gabriel o la de uno de los profetas o apóstoles, entonces su expiación, en lo que respecta a la satisfacción de la justicia divina, el honor de la ley, el perdón del pecado, la paz de la conciencia y la salvación del alma, no poseería eficacia intrínseca alguna. Sería solo la expiación de un ser finito, sin mérito superior a los de aquellos en cuyo favor fue hecha. Afirmamos, pues, de manera amplia e inequívoca, que toda la gloria, dignidad, valor y eficacia de la preciosa sangre de Cristo derramada por el pecado descansan enteramente sobre la deidad de su persona.

Si la deidad de Cristo se hunde, la expiación de Cristo se hunde con ella; si una permanece, también la otra. ¡Cuán concluyente es el testimonio del apóstol Pablo a los ancianos de Éfeso! «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey... para apacentar la iglesia de Dios, la cual él ganó con su propia sangre». La sangre que compró la iglesia fue divina. Fue, en verdad, la sangre de la humanidad de Cristo, pues solo su naturaleza humana podía sufrir, sangrar y morir; pero derivaba toda su gloria, valor y eficacia de la unión de la humana con la naturaleza divina. Fue la sangre del Dios-hombre, Jehová Jesús; ninguna sangre inferior habría bastado. La ley que Adán, nuestro cabeza federal, quebrantó exigía, antes de poder librar al pecador de su pena, un sacrificio infinitamente santo e infinitamente grande: uno igual al Padre.

Todo esto se halló en la persona de Cristo. En su persona compleja fue eminentemente apto para la magna obra. Como Dios, obedeció los preceptos y mantuvo el honor de la ley; como hombre, llevó su maldición y sufrió su pena. Fue la fusión de esas dos naturalezas, el encuentro de los extremos del ser, lo finito y lo infinito, lo que derramó tan resplandeciente fulgor sobre su expiación. Querido lector, no tomes a la ligera este tema; es de profunda importancia. Cuando llegues a morir, si eres creyente experimental, esta, de todas las verdades, será la más preciosa y sustentadora. En aquella hora solemne, cuando todas las falsas dependencias se desmoronarán bajo tus pies y la larga lista de tus pecados pase en revista, ¡oh, entonces saber que el Salvador en quien dependes es Dios en tu naturaleza, que la sangre en que te has lavado tiene toda la eficacia y el valor de la deidad! Esta será la única tabla que sostendrá el alma en aquel instante. No nos extraña que, firmemente anclado en esta verdad, el creyente en Jesús pueda contemplar la escena con serenidad y entregar con quietud su espíritu en las manos de aquel que lo redimió.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - October 25

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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