La soledad endulzada

El viajero que recorre los campos de la gloria eterna

Los viajeros recorren la tierra y vuelto mejorados, pero ¿qué alma no querrá ser un explorador eterno de las perfecciones de Dios y un peregrino por los campos de la gloria? Una meditación sobre el cielo como viaje sin fin.

Los caballeros de gusto suelen viajar al extranjero; y está tan en boga recorrer alguna parte del mundo una vez en la vida, que apenas se tiene por caballero accomplí a quien no ha gastado parte de su tiempo en climas y países remotos del que le dio nacimiento: de donde regresa rico en observaciones y notablemente mejorado, tras haber hecho un detenido reconocimiento entre el pueblo que visitó, ya sea en cuanto al genio, estatura, complexión, religión, leyes, gobierno, ritos y traje de los nativos, o a la mercancía, productos, ríos, suelo, aire, lengua, etc., del país. ¿Y hace esto a los hombres mejor compañía, el haber echado una mirada de pies a cabeza, como quien dice, sobre una sola página del gran volumen de la creación? Pues ¿qué es nuestra tierra comparada con las obras de las manos de Dios?

Sus observaciones han de ser pocas, pues la brevedad de su vida le prohíbe permanecer mucho tiempo fuera, a menos que se proponga dejar su polvo en el viaje: suceso desdichado que muchas veces ha enviado pesar allende los mares, por el joven querido que no volverá a ver su tierra natal.

Ahora bien, al comparar las cosas terrenales con las celestiales, ¡cuán accomplished debe de ser el alma que será un buscador eterno de las perfecciones de Dios, un embelesado contemplador de las bellezas del paraíso, que emprenderá un recorrido por los campos de la dicha y será viajero en la región de la gloria! Si este montículo de topo es asombroso por muchas cosas que en él se hallan, como montañas que se elevan a las nubes, volcanes que vomitan fuego fundido, extremos de calor y frío, y criaturas de tremenda forma y tamaño, y todo en este pequeño punto de la creación terrenal; ¿qué no serán las numerosas excelencias de su reino, que está más alto que los cielos? ¡Oh, las bellezas allende la creación! ¡Oh, las glorias que resplandecen en el día puro esencial! Todas las cosas en el tiempo solo nos mejoran para otra en lo temporal; pero allí el mejoramiento es para la eternidad, y el ensanchamiento del alma para Dios.

¡Oh, día dichoso, cuando recorreré la extensión del paraíso, perdido en admiración y arrebatado de gozo en medio de sus excelencias! ¡Oh, la innata belleza de sus leyes, la gloria de su reinado, el esplendor de su trono, los misterios de su ser y de sus obras, y las maravillas de su amor! ¡Oh, la hermosura de los habitantes de la patria mejor! ¡Oh, los ríos de deleites que riegan el verdadero Canaán! ¡Cuán pura la religión del templo interior! ¡Qué éxtasis y arrobamientos nacerán de contemplar todas estas bienaventuranzas, todas estas glorias, como quien está eternamente envuelto en todas ellas!

Viajad, pues, hijos de la fortuna, hacia todos los vientos: no descanséis en el viejo continente, sino registradlo todo. Que nada pase sin observarse, y deleitaos con las producciones de la fértil Arabia o de las ubérrimas Indias. Que la magnificencia del Opulento Oriente atraiga vuestra atención, y las curiosidades del culto Occidente ganen vuestro respeto.

No satisfecho con la estrecha apariencia de este átomo colgado de la nada, aguardo el amanecer del día celestial para comenzar un viaje sempiterno por todas las glorias de arriba. Recorriendo las perfecciones de Dios, proseguiré mi jornada a través de edades sin número. En mi recorrido hallaré curiosidades que jamás pudieron entrar en la concepción de los viajeros de aquí abajo. Hablen ellos de la magnífica estructura o de la amena situación de la metrópoli de cada reino; yo veré la ciudad del Rey poderoso, cuyos cimientos son piedras preciosas, cuyos muros son de jaspe, cuyas puertas son perlas, y las calles y la ciudad de oro puro, semejante a vidrio transparente; cuyas leyes son amor, y cuya luz es gloria. Veré aquel pueblo que es inmortal y no puede morir, un reino donde cada súbdito es rey, donde cada siervo tiene trono y blande cetro. Veré una asamblea de adoradores que son todos sacerdotes, sumos sacerdotes, admitidos para siempre en el santo de los santos. Veré los benditos efectos de la muerte y los éxtasis de hombres que brotan de las agonías de nuestro Dios encarnado. Veré a hijos de ira hechos herederos de vida, y a la familia del cielo desposada con la familia de la tierra, sí, ¡con los herederos del infierno! Estas son maravillas para ser admiradas, misterios para ser meditados, divinas curiosidades para grabarse en la tabla de mi corazón y mencionarse en los acentos agradecidos de mi canto. ¡Apresura, Señor, aquel día en que me ponga en camino hacia la eternidad y comience mi viaje, mi viaje inmediato a tu trono, para explorar allí las adorables perfecciones de la Deidad, los misterios de la Trinidad y todas las glorias del mundo superior!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: The Traveler

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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