288 opiniones sobre el camino a la felicidad
¿En qué consiste la felicidad?
Millones de personas se equivocan tanto en la naturaleza de la felicidad como en el camino hacia ella. Algunos eruditos han enumerado 288 opiniones sobre el camino a la felicidad —¡y todas han errado ampliamente el blanco!
¡Cómo sedean los hombres tras el mundo —como si la perla de la felicidad colgara de una corona terrenal! «¡Oh,», dice uno, «si tan solo tuviera tal hacienda —entonces sería feliz! ¡Si tuviera tal consuelo —entonces me sentaría satisfecho!» Pues bien, Dios le concede ese consuelo y le permite chupar hasta el último jugo de él —pero, ¡ay!, queda muy por debajo de su expectativa. ¡No puede llenar el vacío y el anhelo de su alma!
La felicidad no reside en la adquisición de las cosas terrenales. La felicidad no puede —por ninguna alquimia— extraerse del mundo. Cristo no dice: «Dichosos los ricos», ni «Dichosos los nobles». Sin embargo, demasiados idolatran estas cosas. ¡Con cuánta prontitud termina el hombre su felicidad en las cosas externas y mundanas! Si tienen apenas comodidades terrenales, están prestos a decir con aquel necio brutal del evangelio: «Alma, tienes muchos bienes almacenados para muchos años; descansa —come, bebe y alégrate!»
Pero, ¡ay! El árbol de la felicidad no crece en un paraíso terrenal. ¿No ha Dios «maldito la tierra» por causa del pecado? Con todo, muchos cavan en busca de felicidad aquí —¡como si quisieran sacar una bendición de una maldición! ¡Tan pronto podría un hombre pensar en extraer aceite de una piedra, o fuego del agua —como felicidad de las cosas terrenales!
El rey Salomón tuvo más cosas terrenales que ningún otro hombre. Su corona estaba colmada de joyas. Tenía tesoros de oro. Poseía la flor y la quintaesencia de todos los deleites —manjares suntuosos, edificios majestuosos, viñedos, tierras, toda suerte de música para encantar y arrebatar los sentidos con gozo. Si existía alguna rareza —estaba presente en la corte del rey Salomón. Así se bañaba él en las aguas perfumadas del placer.
¡Nunca el mundo mostró un rostro más risueño a hombre alguno! Sin embargo, cuando llega a emitir su veredicto imparcial, nos dice que el mundo lleva escrita «vanidad» en su frontispicio; y que todos aquellos deleites dorados de que gozó no eran sino una felicidad pintada —¡una gloriosa miseria! «¡He aquí! Todo era vanidad.» La felicidad es una planta demasiado noble y delicada para crecer en el suelo de este mundo. Los gozos terrenales no son más que mentiras azucaradas —engaños agradables —¡que no tienen ni un grano de verdadera felicidad! ¡Nada en la tierra puede satisfacer los deseos del alma!
«¡El mundo pasa!» (1 Juan 2:17). Los deleites terrenales tienen alas. Pueden compararse a una bandada de aves en el jardín —que se detienen un rato —pero cuando te acercas a ellas —¡alzan el vuelo y se van! Así también, «las riquezas se hacen alas; vuelan hacia el cielo como águila.» Son como un meteoro que resplandece —pero pronto se consume. Son como un castillo de nieve —expuesto a los ardientes rayos del sol. Los consuelos terrenales son como pelotas de tenis —que se golpean de uno a otro. Son como un ramo de flores —que se marchita mientras lo hueles. Son como el hielo —que se derrite mientras lo tienes en la mano.
Aquellas cosas que más irritan que consuelan —no pueden hacer verdaderamente feliz a un hombre. Así como las riquezas se comparan al viento —para mostrar su vanidad; así se comparan a las espinas —para mostrar su vejación. ¡Las espinas no están más dispuestas a desgarrar nuestros vestidos —que las riquezas a desgarrar nuestros corazones! Son espinas al adquirirlas —y pinchan con ansioso cuidado. Traspasan la cabeza con el cuidado de obtener, así hieren el corazón con el miedo de perder. ¡La felicidad no se saca de la tierra! Los consuelos terrenales no pueden hacerte feliz. Podrías vivir rico —¡y morir maldito! Podrías atesorar una hacienda —¡y Dios podría atesorar ira!
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: Las Bienaventuranzas — 288
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.