«Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda llana, a causa de mis enemigos.» Salmo 27:11
«Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre.» Salmo 86:11
«Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores en el camino… ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger.» Salmo 25:8, 12
Oh Señor, ten a bien cumplir también en mí esta misericordiosa promesa. Tú has inclinado mi corazón a hacer tu voluntad, y, con todo, muchas veces me hallo en tinieblas acerca de tu voluntad. Aquí está escrito: «Bueno y recto es el Señor; por tanto, él enseña a los pecadores en el camino.» Es tu propia palabra; puedo apoyarme en ella y quisiera rogarla ante ti; muchas veces has cumplido ya esta promesa, y estás dispuesto y eres poderoso para cumplirla siempre. Tú tienes siempre presente tu palabra, y yo quisiera mantenerme cerca de ella. Que tu Espíritu explique bien tu palabra y la grabe en mi corazón, capacitándome para entenderla, amarla y practicarla, dándome un espíritu de fe perfecta y de obediencia implícita y conformidad con tu voluntad. Alma mía, busca diariamente la enseñanza divina; nadie enseña como el Espíritu Santo, y en ciertos temas nadie puede enseñar con provecho sino Él. Él no solo revela la verdad al entendimiento, sino que la aplica al corazón y nos capacita para llevarla a la práctica en nuestra vida.
10 de mayo
«Vuelve, oh Jehová, nuestros cautivos.» Salmo 126:4
«El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.» Isaías 61:1
«Así dijo Jehová: 'En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; te guardaré y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes las asoladas heredades; para que digas a los presos: «Salid», a los que están en tinieblas: «Mostraos.» En los caminos se apacentarán, y en todas las alturas tendrán sus pastos. No tendrán hambre ni sed.'» Isaías 49:8-10 [Véase también Isaías 35:10.]
Oh Señor, tengo hambre de la justicia y la libertad, no solo de la fe, sino también de la santidad; no para hacer de la santidad el fundamento de mi esperanza, sino la evidencia de la fe; y para poder regocijarme y consolarme en tu justicia sola, sin engañar a mi alma; de modo que un sentido de mi nada y de mi vacío esté siempre presente, para que así sea lleno con toda la plenitud de Cristo. Concede, pues, que yo sea verdaderamente llenado, y que sea fuerte, tranquilo y libre, de manera que ya no permanezca atado por los lazos del orgullo, la incredulidad, una acusadora conciencia o un corazón mundano. Que me regocije en Cristo Jesús, ya formado en mí como esperanza de gloria, y también sacrificado por mí, para hacer expiación por mis pecados. ¡Oh, ser capacitado para decir con Pablo, desde la experiencia sincera del corazón: «Con Cristo estoy juntamente crucificado; y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí»!
Pobres gusanos impotentes en ti poseemos gracia, sabiduría, poder y justicia; tú eres nuestro poderoso Todo, y nosotros te entregamos, oh Señor, todo nuestro ser.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — May 9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.