Entrelazamientos de pecado y gracia
Así como el fuego puede estar oculto en las brasas, la gracia puede estar oculta bajo muchos desórdenes del alma.
A menudo, en los piadosos, una poca gracia se mezcla con mucha corrupción. Hay, en los mejores santos, entrelazamientos de pecado y gracia: un lado oscuro junto al de luz; mucho orgullo mezclado con humildad; mucha mundanalidad junto a la celestialidad.
No, en muchos de los regenerados hay más corrupción que gracia. Tanta pasión que apenas se puede ver alguna mansedumbre. Jonás, un profeta malhumorado, riñe con Dios; no —se justifica en su ira: «Bueno es que me enoje, hasta la muerte» (Jonás 4:9). Aquí había tanta ira, que era difícil ver alguna gracia.
Un cristiano en esta vida es como un vaso que tiene más espuma que vino, o como un cuerpo enfermo que tiene más dolencia que vigor. Puede humillar al mejor cristiano el considerar cuánta corrupción está mezclada con su gracia.
El alma que tiembla piensa que será devorada por el pecado. Pero Dios preserva una pequeña cantidad de gracia en el corazón; no, no, ¡Él hace que esa chispa prevalezca sobre la corrupción! Dios ve la sinceridad y pasa por alto muchas flaquezas. Él nutre las menores chispas de gracia y las sopla suavemente con el aliento de su Espíritu hasta que brotan en llama. Una poca gracia es gracia —aunque esté ahogada bajo mucha corrupción.
Confieso que es motivo de asombro que la gracia no sea del todo aniquilada, especialmente si consideramos dos cosas:
(1) La malicia de Satanás. Él es un espíritu maligno y pone barreras en nuestro camino al cielo. El diablo, con el viento de la tentación, intenta apagar la chispa de gracia en nuestros corazones. Si esto no basta, suscita a hombres malos y levanta la milicia del infierno contra nosotros. ¡Qué maravilla es que esta brillante estrella de gracia no sea barrida por la cola del dragón!
(2) El mundo de corrupción en nuestros corazones. El pecado constituye la mayor parte en un cristiano. Hay más hez que gracia en el corazón más santo. El corazón hormiguea de pecado. ¡Cuánto orgullo hay en el alma! Ahora, ¿no es asombroso que este lirio de gracia pueda crecer entre tantas espinas? Es un prodigio tan grande que una poca gracia se preserve en medio de tanta corrupción como ver una vela ardiendo en el mar sin apagarse.
Pero aunque la gracia viva con tanta dificultad, como el infante que lucha por respirar —sin embargo, al nacer de Dios, es inmortal. La gracia en conflicto con la corrupción es como un barco sacudido y golpeado por las olas —pero resiste la tempestad y al fin llega al puerto deseado.
Pero ¿cómo es que la gracia, aun en su menor grado, no se apaga? Es por la poderosa operación del Espíritu Santo.
El Espíritu de Dios, que es la fuente, excita y despierta continuamente la gracia en el corazón. Él obra en un creyente cada día. Écha aceite y mantiene encendida la lámpara de la gracia.
La gracia es comparada con un río de vida (Juan 7:38). El río de la gracia nunca puede secarse, porque el Espíritu de Dios es el manantial que lo alimenta.
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: El Retrato del Hombre Piadoso — Inter-weavings of sin
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.