Pensamientos vespertinos

Enviados al mundo como testigos de Cristo

Cristo no envía a los suyos a la soledad del desierto, sino al mundo, para que con una vida celestial y sin concesiones testifiquen contra sus vanidades y reflejen la imagen de su Señor.

No a la soledad del desierto, ni al reposo calmado pero egoísta del círculo doméstico, ni a la comunión sagrada pero limitada de la iglesia, sino al mundo, rodeándolos por una temporada con su vanidad y sometiéndolos a sus pruebas. ¿Y cuál es su misión? ¿Acaso amar al mundo, amoldarse al mundo, confraternizar con el mundo? ¡Oh, no! No para esto fueron enviados a él. Tienen ante sí un objeto más digno de la sabiduría de quien los envía, y más acorde con el alto llamamiento de quienes son enviados. Son enviados al mundo para que su vida sea una protesta constante, sin concesiones y solemne contra sus vanidades y contra sus pecados.

Consideremos de nuevo las palabras de Cristo: «Como me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo». Cristo fue comisionado para testificar del mundo que sus obras son malas. Vino a laborar por el mundo, a bendecir al mundo, a honrar a su Padre en el mundo. Fue la gloria del mundo que el Hijo de Dios fuera enviado a él, que lo hiciera por un tiempo lugar de su morada temporal y escenario de su redención portentosa. Fue la gloria de la tierra que él pisara su césped; del océano, que navegará sobre su seno; del sol, que brillara sobre su cabeza; del aire, que acariciara su frente; de las aguas, que apagaran su sed; de las flores, que perfumaran su sendero; del cielo, que desplegara sobre él su azul dosel. ¿Qué planeta ha sido tan honrado como este? ¿Qué mundo tan visitado, tan distinguido, tan bendecido? Tal es el patrón del cristiano. ¿Por qué Cristo te ha colocado en la posición que ahora ocupas? ¿Por qué estás rodeado de tanta necedad, prueba y peligro? Has sido convertido en medio del mundo; tu familia está en el mundo; tus asociados están en el mundo; tu vocación está en el mundo. ¿Por qué es así? Precisamente para que, como tu Señor y Maestro, mediante tu vida no mundana y celestial, testifiques del mundo que sus obras son malas, y solo malas, y malas de continuo.

Santos de Dios, mantened relaciones cercanas y trato íntimo con vuestro Hermano Mayor. Depositad en él vuestra confianza, rendidle vuestros afectos, consagradle vuestro servicio. Él os mira con deleite inefable. Está identificado con todos vuestros intereses y simpatiza con todas vuestras penas. Puede, como José, hablar a veces ásperamente a sus hermanos en los tratos probadores de su providencia; pero, como José, oculta bajo esa aparente dureza el amor profundo y anhelante de un hermano. Buscad una mayor semejanza con su imagen, a la cual recordad que estáis predestinados a ser conformados. Para ello, estudiad su hermosura, sus preceptos, su ejemplo; para que «contemplando como en un espejo la gloria del Señor, seáis transformados de gloria en gloria en la misma imagen, por el Espíritu del Señor».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - June 14

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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