Mañana y noche

Esperanza cabalgando sobre el león de la justicia

La misma justicia de Dios que al principio aterra al pecador se vuelve después el pilar de su paz: pues Cristo pagó la deuda hasta el último ápice, y el creyente, amparado en su sustituto, jamás puede ser condenado.

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios». La conciencia ya no acusa. El juicio ahora decide a favor del pecador en vez de contra él. La memoria mira hacia atrás los pecados pasados con profundo dolor por el pecado, pero sin temor alguno de penalidad futura; pues Cristo ha pagado la deuda de su pueblo hasta el último ápice, y ha recibido el recibo divino; y a menos que Dios pueda ser tan injusto como para exigir doble pago por una sola deuda, ninguno por quien Jesús murió como sustituto podrá jamás ser arrojado al infierno.

Parece ser uno de los principios mismos de nuestra naturaleza iluminada creer que Dios es justo. Sentimos que debe ser así, y esto al principio nos aterroriza. Pero es maravilloso que esta misma creencia de que Dios es justo llegue a ser después el pilar de nuestra confianza y de nuestra paz.

Si Dios es justo, yo, pecador, solo y sin sustituto, debo ser castigado. Pero Jesús ocupa mi lugar y es castigado por mí; y ahora, si Dios es justo, yo, pecador, en Cristo, jamás puedo ser castigado. Dios tendría que cambiar su naturaleza antes de que un solo alma, por la cual Jesús fue sustituto, pudiera jamás sufrir el azote de la ley. Por tanto, habiendo Jesús tomado el lugar del creyente, habiendo rendido un equivalente pleno a la ira divina por todo lo que su pueblo debiera haber sufrido como resultado del pecado, el creyente puede clamar con glorioso triunfo: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?». ¡No Dios, pues Él los ha justificado! ¡No Cristo, pues Él murió, «antes bien resucitó»!

Mi esperanza es segura y firme, ¡porque soy un pecador por quien Cristo murió! Mi confianza no estriba en que yo sea santo, sino en que, siendo yo impío, Jesús es mi justicia. Mi fe no descansa en lo que soy, o seré, o siento, o conozco, sino en lo que Cristo es, en lo que ha hecho, y en lo que ahora hace por mí. ¡Sobre el león de la justicia, la doncella de la esperanza cabalga como reina!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 25 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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