Las vigilias matutinas

Esperanza segura para el alma que se abate

Cuando el alma se abate y la conciencia condena, el creyente huye al Cordero de Dios y halla en su favor y su misericordia lo que compensa la pérdida de todo consuelo terrenal.

Oh Dios, en tu infinita misericordia me has preservado una vez más para acercarme a tu presencia bendita. Que cada mañana me encuentre mejor preparado para el glorioso despertar de la inmortalidad, cuando «rompa el día» y las sombras de la tierra huyan para siempre. Que me levante hoy en novedad de vida, respirando más de la atmósfera de santidad y participando más del carácter del cielo.

Tú me recuerdas siempre, por las saludables disposiciones de tu providencia, que «la tierra no es mi descanso». Haz bien, Señor, en que así sea; que por tu disciplina graciosa y necesaria el mundo sea despojado de su seductor poder y yo sea destetado de lo que, en el mejor de los casos, es precario y al fin ha de perecer.

Cuando miro a mi interior tengo motivos para el desánimo, y la conciencia repite una y otra vez sentencia de condenación. ¿A dónde huir? ¿A dónde mirar sino a ti, oh Cordero de Dios, Salvador que llevas y perdonas el pecado? Así, apoyado en el brazo invisible del Dios del pacto, cuando la hora oscura y el desaliento me alcancen, tenga yo lo que compensa toda pérdida: tu favor, que es vida, y tu misericordia, que es mejor que la vida.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR HOPE IN DISCOURAGEMENT

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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