«¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?» Lucas 2:49
Jesús cumplió Su ideal. Pues, andando el tiempo, cuando llegó adnde estaba la cruz, pudo decir: consumado está, el negocio de mi Padre en el Cielo.
Primero, Él esperó. Durante una gran parte de los veintiún años que mediaron entre Su primera Pascua en el Templo y Su última Pascua en la colina ignominiosa, se contentó con vivir en quietud y silencio. Que yo me contente con esperar hasta que Dios me haya hecho apto para trabajar y luchar por Él. No hay nada más difícil. No hay nada más fecundo.
Pero entonces Él trabajó. A menudo no tenía tiempo para comer. Sentía que la noche llegaba pronto, y ocupaba el día en labor. Y yo debiera exigir el máximo de mis capacidades, debiera emplear cada minuto en servir a Dios y a los hombres. Después de esperar, debiera seguir el trabajar. Y así me pareceré a Cristo.
Él oró también. Sin oración, el trabajo es sordo y tedioso, rutinario y mecánico; por eso, aunque estuviera ocupado todo el día, dedicaba las horas de la oscuridad a una comunión estrecha y bendita con Su Padre. Y yo debo pedir y recibir; debo buscar y hallar. Necesito orar infinitamente más que mi Maestro.
Y Él sufrió. ¡Por qué fuego pasó! ¡Qué hondos del Jordán vadeara con pies desnudos y sangrantes! El principio es válido para mí. El sufrimiento, en una u otra forma, es parte esencial de mi experiencia, ingrediente fundamental de mi vida. Solo así soy perfeccionado.
Esperar, trabajar, orar, sufrir: ese es el negocio de mi Padre.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Luke 2:49
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.