Las cumbres más altas que podemos alcanzar aquí en la tierra son apenas fragmentos rotos de la plena belleza divina. En el mejor de los casos, solo podemos llegar a ser tenuemente transfigurados — solo débilmente aparece en nosotros la belleza del Señor.
El último diseño del gran pintor Alberto Durero fue un cuadro que mostraba a Cristo en su cruz. Todo estaba completo, salvo el rostro del Divino Sufriente, cuando el artista fue llamado por la muerte.
Así también, al final de la vida más larga y más santa, solo tendremos una parte del retrato de Cristo obrado en nuestra alma. Nuestro mejor esfuerzo no dejará más que un fragmento de su belleza incomparable. La gloria de aquel rostro bendito no podemos reproducirla. Pero cuando partamos de nuestro pequeño fragmento de transfiguración — un momento después contemplaremos sus rasgos divinos — y, viendo a Jesús tal como es, ¡seremos semejantes a Él!
«No que lo haya ya alcanzado o ya sea perfecto, sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pienso haberlo aún alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.» — Filipenses 3:12-14
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Broken fragments of the full Divine beauty
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.