Sólo hay una manera de demostrar que nos hemos arrepentido de verdad. No bastará con decir a los demás que nos hemos arrepentido; ellos esperarán ver la evidencia en nuestras vidas. Supongamos que un hombre malvado se une a la Iglesia y luego vuelve el lunes por la mañana a sus antiguas costumbres perversas: ¿alguien dará crédito a la profesión de fe que hizo el domingo? Deberá ir el lunes por la mañana a una vida nueva, si es que su arrepentimiento ha de valer para algo. Todos saben lo que es correcto en un caso así. Nadie más rápido para clamar contra la insinceridad y la falta de realidad de la profesión de ese hombre que los propios malvados, cuando ven que continúa en sus viejos caminos de maldad. Incluso los hombres malos saben lo que es ser piadoso; de ese modo rinden un alto tributo al cristianismo. El arrepentimiento no vale absolutamente nada si sólo produce algunas lágrimas, un espasmo de pesar, un poco de espanto cuando un destello de la eternidad revela al hombre su culpa y su peligro, y luego un regreso mañana a los mismos viejos caminos malvados.
¿Qué son los frutos dignos de arrepentimiento?
Un tendero volvió a casa una noche de la reunión donde había escuchado un sermón sobre pesos y medidas falsos, y quemó el «celemín» que había estado usando para engañar a sus clientes. Un padre que había vivido con descuido en su hogar, al despesar a la verdad, tomó la vieja Biblia de la familia, confesó ante su casa su negligencia y restableció el altar familiar. Estas son ilustraciones de frutos dignos de arrepentimiento.
En pocas palabras, debemos abandonar los pecados de los que nos arrepentimos y no volver a ellos jamás; y debemos caminar por los nuevos y limpios senderos de la santidad. El corazón es lo importante en toda la vida espiritual, pero el corazón hace la vida; y si la vida permanece malvada, entonces el corazón no puede ser mejor, sea cual fuere la profesión externa de mejoría que haya hecho. La manera de demostrar a los hombres que de verdad nos hemos arrepentido es arrepentirnos de verdad, y el hecho pronto hablará por sí mismo.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Evidence of Repentance
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.