Glorificando a Dios en la aflicción
La sumisión a la voluntad de Dios es nuestro deber. Por sumisión entiendo la represión de todo lenguaje de queja, la resistencia a todo sentimiento de rebelión y la oposición decidida a todo pensamiento duro acerca de Dios, como si él hubiera procedido con nosotros de manera poco amable o severa; junto con una aquiescencia en todo lo que él hace como recto y bueno.
Algo de alegría cristiana debería manifestarse en toda persona en la adversidad. Si han de glorificar a Dios; si han de hacer que la luz de sus gracias resplandezca; si han de adornar la doctrina de Dios su Salvador; si han de parecer diferentes a los demás hombres, entonces deben romper el silencio de la sumisión con palabras de contentamiento y, si es posible, con notas de alabanza. Deben cantar como el ruiseñor y resplandecer como la luciérnaga en la oscuridad. Así glorificarán a Dios, cuando la sonrisa de la alegría en su rostro se asemeje al arcoíris sobre la nube, y conviertan la estación oscura de su dolor en un medio de mostrar las hermosuras resplandecientes del Hijo de Justicia.
¡Oh, cómo es Dios honrado por el cristiano en la adversidad, cuando toda su conducta, así como sus palabras, parece decir: «He perdido mucho, pero aún poseo infinitamente más de lo que he perdido o puedo perder. Con Cristo como mi Salvador, Dios como mi Padre, la salvación como mi porción y el cielo como mi hogar, ¿cómo puede pensarse que soy pobre y desdichado?» J. A. James
Fuente y atribución
Autor original: Manton Eastburn
Título original: Glorifying God in Affliction
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Manton Eastburn, publicado originalmente en Grace Gems.