La ira no siempre es ni necesariamente pecaminosa, pero tiene tal tendencia a desbocarse que, siempre que se manifieste, deberíamos cuestionar pronto su carácter con esta pregunta: «¿Haces bien en enojarte?». Puede que podamos responder: «¡SÍ!». Con frecuencia, la ira es la antorcha del loco, pero a veces es el fuego de Elías venido del cielo. Hacemos bien cuando nos enojamos contra el pecado, por el mal que comete contra nuestro Dios bueno y bondadoso; o contra nosotros mismos, porque permanecemos tan necios tras tanta instrucción divina; o contra otros, cuando la única causa de la ira es el mal que ellos hacen.
Aquel que no se enoja ante la transgresión se hace partícipe de ella. El pecado es una cosa abominable y odiosa, y ningún corazón renovado puede soportarlo con paciencia. Dios mismo está airado con los impíos todos los días, y está escrito en su Palabra: «Los que amáis al Señor, aborreced el mal».
«¿Haces bien en enojarte?». Con mucha más frecuencia, es de temer que nuestra ira no sea digna de aplauso ni siquiera justificable, y entonces debemos responder: «¡NO!». ¿Por qué hemos de mostrarnos irritables con los hijos, apasionados con los criados e iracundos con los compañeros? ¿Es tal ira honrosa para nuestra profesión cristiana, o glorificante para Dios? ¿No es más bien el viejo corazón malo buscando dominio, y no deberíamos resistirlo con toda la fuerza de nuestra nueva naturaleza?
Muchos profesos ceden al enojo como si fuera inútil intentar resistir; pero recuerde el creyente que ha de ser vencedor en cada punto, o de lo contrario no puede ser coronado. Si no podemos controlar nuestros genios, ¿qué ha hecho la gracia por nosotros? Alguien dijo al Sr. Jay que la gracia a menudo se injertaba en el tronco de un manzano silvestre. «Sí —respondió—, pero el fruto no serán manzanas silvestres». No debemos convertir la flaqueza natural en excusa para el pecado, sino acudir a la cruz y pedir al Señor que crucifique nuestros genios y nos renueve en mansedumbre y humildad a imagen suya.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: July 13 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.