Hay, pues, uno que ha de venir, "cuyo es el derecho"; hay un Rey que tiene derecho al trono y a la lealtad de sus súbditos; derecho a todo lo que ellos son y a todo lo que tienen. Pero ¿de dónde obtiene este derecho? "Hasta que venga aquel cuyo es el derecho". Es su derecho, primero, por donación y don originales, habiendo el Padre dado al Hijo a todos los escogidos. "Heme aquí", dice Jesús, "y los hijos que me has dado". "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí". Luego, en cuanto somos suyos, Jesús tiene derecho a nuestras personas; y al tener derecho a nuestras personas, tiene, por la misma donación original de Dios el Padre, derecho a nuestros corazones y afectos.
Pero tiene otro derecho, y es por compra y redención, habiendo él redimido a su pueblo con su propia sangre, habiendo entregado su vida por ellos, y así comprado y adquirido, estableciendo un derecho sobre ellos por el precio pleno y completo que él mismo pagó en la cruz por ellos. Este derecho doble lo ejerce cada vez que formula un solemne reclamo sobre cualquiera de las personas que ha comprado. Y este reclamo lo formula cuando el bendito Espíritu entra en el alma para arrestar y apresar a un vaso de misericordia y llevarlo a sus pies, para que él sea entronizado como Rey y Señor en sus afectos. Porque téngase presente que la posesión del corazón con todos sus afectos es su derecho; y "su gloria no la dará a otro"; su propiedad no permite que pase a otras manos; no se contenta con tener meramente derecho a las personas de sus amados, sino que debe tener sus corazones; y al ejercer su derecho sobre sus afectos, reinará y gobernará soberano, sin permitir rival, sin admitir cooperación alguna con el YO en forma alguna, sino que él mismo queda establecido allí como Rey y Señor.
Entonces, ¿dónde está el alma antes de que él entre en ella en poder, en dulzura, en hermosura, en preciosidad? ¿Qué es y dónde está? Un montón de ruinas. Y nadie conoció jamás mucho de la preciosidad de Cristo sin que su alma fuera un montón de ruinas y sin que el yo hubiera sido trastornado y arrojado por tierra. No; nadie jamás anheló ardientemente que el Señor de vida y gloria visitara su corazón con su salvación, que viniera en el poder de su resurrección, en la gloria de su justicia, en la preciosidad de su presencia; nadie jamás deseó espiritualmente, suspiró, clamó, gimió, rogó y mendigó la manifestación de Cristo a su alma, sin que fuera una miserable ruina delante de Dios y sin que el yo hubiera sido trastornado hasta quedar en un desolado montón, tan derribado que todo el poder del hombre no podría colocar una sola piedra en su lugar ni reconstruir el edificio de antes.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.