Mañana y noche

Jesús aún lava los pies de los suyos

El Señor sigue sirviendo a su pueblo con paciencia condescendiente, limpiándolo cada día de sus faltas y renovando su paz.

El Señor Jesús ama tanto a su pueblo, que cada día sigue haciendo por ellos mucho que es análogo al lavado de sus pies sucios. Él acepta sus acciones más pobres. Él siente sus penas más profundas. Él escucha sus deseos más tenues. Él perdona cada una de sus transgresiones. En cierto sentido, Él sigue siendo su Siervo, así como su Amigo y Maestro.

Él todavía, con humildad y paciencia, anda entre su pueblo con la vasija y la toalla. Hace esto cuando, día tras día, los limpia de sus constantes flaquezas y pecados.

Anoche, cuando doblaste la rodilla, confesaste con tristeza tu conducta pecaminosa; y aun esta noche, debes lamentarte de nuevo de que has caído otra vez en la misma necedad y pecado, de los cuales una gracia especial te libró hace tiempo; ¡y sin embargo Jesús tendrá gran paciencia contigo! Él oirá tu confesión de pecado; Él dirá: «¡Quiero, sé limpio!» Él aplicará otra vez la sangre de aspersión, hablará paz a tu conciencia y quitará toda mancha vil.

¡Qué paciencia tan condescendiente hay cuando el Salvador soporta las necedades que tantas veces se repiten de su discípulo descarriado, día tras día y hora tras hora, lavando las multiplicadas transgresiones de su hijo errante, pero aún amado! ¡Soportar las constantes necedades y pecados de su pueblo, esto es verdaderamente divino!

Mientras hallamos consuelo y paz en la limpieza diaria de nuestro Señor, su influencia legítima sobre nosotros será aumentar nuestra vigilancia y avivar nuestro deseo de santidad. ¿Es así contigo?

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: October 24 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura