Oraciones familiares de Henry Law

Jesús desciende para desposarnos consigo para siempre

Al caer la tarde de Navidad, la familia contempla la humillación del Salvador, su obra de redención y la unión eterna del Esposo celestial con su pueblo.

TARDE DE NAVIDAD. Bendito Jesús, hoy nos hemos regocijado de manera especial en tu venida a buscarnos y a salvarnos, cuando estábamos perdidos. Una vez más, como familia, nos reunimos para deleitarnos en Ti. Nuestra gratitud, en verdad, no tiene límites. Pero, atados en estos cuerpos de pecado, no podemos agradecerte como quisiéramos. Pero Tú sabes de qué estamos hechos. Tú eres tocado con el sentimiento de nuestras debilidades. Míranos, pues, con la compasión de tus tiernas misericordias. Acepta bondadosamente nuestra alabanza débil. Cuando te plazca llamarnos a nuestro hogar celestial, recibirás una adoración más digna. Hemos mirado con gozosa fe a Ti como un niño en Belén. Hemos visto el cumplimiento de antiguas profecías, y la venida del Deseo de todas las naciones. Mientras miramos, enséñanos más y más el profundo significado de este admirable advenimiento. Que leamos en él la anchura y longitud, la profundidad y altura de tu amor eterno.

Cuando veamos este incomprensible vaciamiento de sí mismo, este ocultamiento de la Deidad en los harapos de la humanidad, esta profunda humillación, esta tu disposición a vivir por una temporada como un hombre entre los hombres—que abracemos a nuestras mismas almas la gozosa seguridad de que somos en verdad queridos para Ti—queridos aun hasta el infinito del amor. Tú te condesciendes a vestir nuestra carne humilde, no solo porque buscas la gloria de tu Padre celestial—sino porque nuestros nombres están grabados en tu corazón. Ayúdanos por tu Espíritu a amarte, conforme a la inmensidad de tu amor hacia nosotros.

Acompleta gloriosamente, te rogamos, todos los maravillosos propósitos de tu venida. Oh Simiente de la mujer, aplasta la cabeza de la serpiente. Muestra que Tú eres su poderoso conquistador. No le permitas recibir ya más homenaje indebido, como el dios de este mundo. Destruye su dominio usurpado. Quiebra el cetro del cruel tirano. Tú te has manifestado para destruir sus obras. Apresura el tiempo en que, en Ti y en tu nombre, nosotros también le pisaremos bajo nuestros pies.

Tú has venido a realizar la redención. Que nos gloriemos en Ti como el que obtiene rescate y liberación hasta lo sumo. Tú naces uno de nuestra familia. Así Tú eres nuestro representante, nuestro fiador, nuestro sustituto. Abre ampliamente los ojos de nuestra fe, para que veamos toda nuestra merecida maldición, descargada sobre tu cabeza inocente, ¡y la espada de la justicia divina sepultada en tu corazón! Tú has vivido como hombre en la tierra para cumplir toda demanda de la santísima ley, y para obrar en nuestra naturaleza una justicia perfecta. Capacítanos para ver las glorias de aquel manto de justicia. Que lo pongamos por la mano de la fe. Que nos regocijamos de que somos hermosos en esta tu preciosa hermosura, y bellos en esta tu incomparable belleza.

Tú visitas la tierra—para ser el camino, la verdad y la vida. Revélanos tus caminos. Guía siempre nuestros pies a andar el sendero hacia el cielo. Proclámanos tu verdad. Que ella nos santifique por completo, y nos haga libres de la ignorancia y del pecado. Danos más abundantemente la vida de la gracia, hasta que desembocue en la vida de la gloria. Por tu nacimiento Tú eres el primogénito entre muchos hermanos. No te avergüenzas de llamarnos hermanos. Haz, pues, como has dicho, declara tu nombre a tus hermanos. Capacítanos para comprender todas las alegrías de esta verdadera relación. Que conversemos contigo en toda confianza fraternal. Mientras te adoramos reverentemente como al Dios poderoso, que nos aferremos a Ti como a nuestro pariente cercano.

Tú descendiste sobre las alas del amor, para que, como Esposo celestial, desposes a tu pueblo contigo mismo para siempre. Muéstranos las glorias de esta unión misteriosa. Revélanos que Tú aborreces el divorcio, y que nunca nos dejarás ni nos abandonarás. Así aprendamos en tu pesebre, que el último Adán restaura más que la herencia que perdimos, cuando el primer Adán cayó. Y que nos acostemos esta noche cantando en nuestros corazones con todo agradecido arrobamiento: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" Amén y amén.

Fuente y atribución

Autor original: Henry Law

Título original: Family Prayers — CHRISTMAS DAY EVENING

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.

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