«SEÑOR, por tu favor has hecho que mi monte se mantenga firme; escondiste tu rostro y fui turbado.» Salmo 30:7
Mira, alma mía, en este versículo, una imagen de tu propia experiencia; ciertamente tu caso se parece al de David. Cuando levanto los ojos al cielo, ¡cuántas veces veo al sol tanto brillar como ponerse! Cuando me examino a mí mismo, ¡cuántas veces veo mis consuelos subir y bajar! Una hora estoy sobre el monte Tabor y tengo un atisbo del cielo; otra hora yazgo en el valle de Boquim, llorando porque he perdido de vista mi patria celestial. El largo día de Josué muchas veces se convierte en la triste noche de Pablo. Cuando Dios quiere avivar mis afectos, me da un atisbo del cielo, para que así ame lo que veo; cuando comienzo a bendecirme a mí mismo y a descansar en mis dichosos privilegios, Él corre un velo sobre la visión luminosa, para que no descanse en nada sino en Él mismo, ni desdeñe lo que tengo tanta razón de amar. Él permite que mi felicidad aquí sea imperfecta, para que yo siga presionando hacia aquel lugar donde seré perfectamente feliz para siempre. Señor, cuando te muestras, déjame amarte; cuando mi monte se mantiene firme, déjame alabarte; cuando te retiras, déjame seguirte; cuando tu rostro se esconde, déjame creer aun que me amas. En medio de todos mis cambios aquí, deja que mi alma respire siempre, jadeante, anhelando y extendiéndose hacia ti, hasta que te disfrute tan perfectamente que nunca más te pierda. Y déjame regocijarme de que, en medio de todos mis cambios, Jesús es el mismo, y descansar en su amor por mí. Él es el mismo ayer, hoy y siempre.
27 de febrero
«Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte.» Lucas 22:31-32
«Y no caerá a tierra ni el grano más pequeño.» Amós 9:9
«Yo también te guardaré de la hora de la prueba.» Apocalipsis 3:10
A veces podemos imaginarnos estar divinamente convencidos de la voluntad de Dios, tanto por aparentes providencias externas como por persuasiones interiores de la fe; mientras tanto, Satanás puede estar empleando todos sus esfuerzos para zarandearnos. Pero seamos de buen ánimo; el Señor lo frustrará al final y ordenará todas las cosas para el bien de su pueblo. Que el Señor nos haga vigilantes contra nuestro propio espíritu y contra el maligno, especialmente cuando se transforma en ángel de luz, para que no esté en su poder zarandearnos de modo que gane ventaja sobre nosotros por escuchar sus sugerencias interiores o ceder a sus sutiles tentaciones.
Lector, Satanás está siempre al acecho para hacerte un daño; vela y ora, no sea que entres en tentación. Mira a Jesús para que te guarde. Clama a Jesús cuandoquiera que el enemigo te asalte. Clama al fuerte por fortaleza, al sabio por sabiduría y al Salvador por liberación. Jesús es tu guardador, y el que te guarda no dormitará. Sea tu oración diaria: «Sostenme, y estaré seguro.»
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — February 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.