Cuando la justificación no depende de nuestro currículo sino de la obra del Hijo levantado de entre los muertos, el corazón conoce una seguridad que ninguna voz humana puede destruir. La justificación no es una teoría; es una sentencia de Dios que nos recibe en su favor para siempre. Por eso la Escritura responde a la pregunta de la condena con una sola verdad: Dios es el que justifica. Allí donde la ley acusa, Él declara justo al que en Cristo cree; donde la conciencia acusa, su gracia convence al arrepentimiento, no al temor.
Si Dios ha puesto su sello sobre tu nombre en la cruz y la tumba vacía de Cristo, la acusación queda sin autoridad. El legalismo y la culpa pueden volver a murmurar; sin embargo, el creyente no negocia su identidad con ellos. No mira su valor en el tribunal interior, sino en el favor del Padre. Ese día de juicio final no será de defensa desesperada, sino de alabanza: los acusadores quedarán sin palabras ante el Dios que justificó en Él.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Morning Thoughts - February 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.