La alabanza debe seguir siempre a la oración respondida; así como la niebla de la gratitud terrenal se eleva cuando el sol del amor celestial calienta el suelo. ¿Ha sido el Señor misericordioso contigo, e inclinado Su oído a la voz de tu súplica? Entonces alábalo mientras vivas. Deja que el fruto maduro caiga sobre el suelo fértil del cual tomó su vida. No le niegues un cántico—a Aquel que ha respondido tu oración y te ha concedido el deseo de tu corazón. Guardar silencio ante las misericordias de Dios—es contraer la culpa de la ingratitud; es obrar tan vilmente como los nueve leprosos, que después de haber sido curados de su lepra—no regresaron a dar gracias al Señor que los había sanado.
Olvidar alabar a Dios—es negarse a beneficiarse a uno mismo; pues la alabanza, como la oración, es uno de los grandes medios para promover el crecimiento de la vida espiritual. Ayuda a quitar nuestras cargas, a avivar nuestra esperanza, a aumentar nuestra fe. Es un ejercicio saludable y vigorizante que acelera el pulso del creyente y lo fortalece para nuevas empresas en el servicio de su Maestro.
Bendecir a Dios por las misericordias recibidas es también el modo de beneficiar a nuestros semejantes; "los humildes lo oirán y se gozarán." Otros que han estado en circunstancias semejantes tomarán consuelo si podemos decir: "¡Oh! engrandeced al Señor conmigo, y ensalzemos su nombre a una; clamó este pobre, y el Señor lo oyó!" Los corazones débiles serán fortalecidos, y los santos abatidos serán reanimados al escuchar nuestros "cánticos de liberación." Sus dudas y temores serán reprendidos, mientras nos enseñamos y exhortamos unos a otros con salmos e himnos y cánticos espirituales. Ellos también "cantarán en los caminos del Señor" cuando nos oigan engrandecer su santo nombre.
La alabanza es la más celestial de las obligaciones cristianas. Los ángeles no oran—pero no cesan de alabar día y noche; y los redimidos, vestidos de ropas blancas, con palmas en sus manos, nunca se cansan de cantar el nuevo cántico: "¡Digno es el Cordero!"
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: October 30 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.