«No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.» 1 Corintios 15:33
Todos necesitan amigos. Cuanto más ocupada esté una persona, cuanto más rica sea su naturaleza y más viva para los demás, mayor será su necesidad de un amigo o de algunos amigos cuyas vidas se entrelacen con la suya y en cuyo amor pueda descansar. La amistad es el suelo en el que los corazones verdaderos crecen mejor. Por falta de ella, muchas vidas, con finas posibilidades, se marchitan y mueren. Qué clase de amigos deben elegir los jóvenes es un asunto de vital importancia.
Los alpinistas suizos que suben a las montañas van atados entre sí con una cuerda, para sostenerse mutuamente. Pero a veces uno cae y arrastra a los demás a la muerte. Los amigos a quienes nos unimos, o bien nos ayudarán a subir hacia una belleza más hermosa de carácter, o nos arrastrarán hacia abajo.
El amigo que elijamos debe ser alguien que sea paciente con nuestras faltas. Debe ser alguien que no nos rechace al descubrir imperfecciones en nosotros. No toda amistad profesada puede resistir esta prueba. Las personas no nos conocen a fondo en un solo vistazo. En público llevamos nuestra cara social y nuestros ropajes sociales, y cuando nuestros admiradores nos ven más de cerca, a veces descubren manchas y debilidades insospechadas. A menudo admiramos mucho a las personas cuando nuestro conocimiento de ellas es superficial. Parecen muy amables y hermosas. Pero al ser llevados a relaciones más estrechas con ellas, descubrimos en ellas cualidades que no son amables. El egoísmo se oculta bajo una aparente cortesía. La rudeza y la falta de refinamiento se esconden bajo la ilusión de la cultura. Encontramos debilidades que estropean la fortaleza que admirábamos.
Al elegir amigos necesitamos a quienes no se aparten de nosotros al descubrir nuestras faltas. La verdadera amistad debe tomarnos para lo mejor y para lo peor. No debe enfriarse ante nuestros defectos, sino ser paciente con ellos. Necesitamos como amigos a quienes, cuando sepan todo acerca de nosotros y hayan aprendido nuestros puntos débiles, las cualidades poco amables de nuestro carácter y disposición, como deben hacer en el contacto cercano de la amistad, sigan siendo nuestros amigos, más verdaderos que nunca, y más amables y pacientes.
Además, el amigo que podemos elegir con seguridad debe ser uno cuya amistad sea una bendición para nosotros. Cada amistad deja su huella en nuestra vida. Hay toques que marchitan, y hay toques que son bendiciones. Los corazones de los jóvenes son tan delicados en la belleza de su inocencia sin mancha, que incluso un soplo de mal los empaña. No puedes permitirte acoger en tu vida, ni por una sola hora, una compañía impura. Dejará un recuerdo que colgará como una sombra sobre tu alma, incluso en tu lecho de muerte.
La verdadera amistad implica ayuda mutua; no es todo de un solo lado. Los amigos deben ser compañeros en los cuidados. Lo que uno tiene, el otro lo comparte. Donde hay verdadera amistad, siempre hay dos pares de hombros bajo cada carga.
Algunos están bastante dispuestos a ser servidos, pero no les importa servir a su vez. Todos los celos, y las quejas por abandono o desaire, y todas las exigencias de atención son cualidades, no de la amistad, sino de un egoísmo codicioso y aferrador. Al elegir amigos debemos prestar atención a esto.
Si una joven encuentra a su enamorado exigente, tiránico, celoso, dictatorial, ¡que tenga cuidado! ¡Su amor puede resultar una corona de espinas cuando ella se convierta en su esposa!
Debemos buscar como amigos a quienes nunca se cansen de llevar nuestras cargas. Tendremos tristezas. Las sombras se deslizarán sobre nosotros. Nuestra reputación puede ser atacada. Podemos convertirnos en un cuidado, incapaces de dar nada a cambio, sino solo un amor agradecido. Quien consiente en ser nuestro amigo toma sobre sí muchas posibilidades de llevar cargas. Los amigos que elijamos deben ser de los que no se cansen de estos servicios costosos si son requeridos.
«En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en el tiempo de la angustia», dijo el sabio. «El amigo debe llevar las debilidades del amigo», dice un proverbio. Nuestro amigo debe tomarnos y estar dispuesto a compartir nuestra tristeza o nuestra debilidad, y nunca cansarse de ayudarnos.
Hay amistades humanas que hacen esto. La más santa de todas es la del padre o la de la madre. Has visto a un niño crecer deforme, ciego, sordo, o con alguna otra dificultad que lo hacía siempre una carga y un cuidado. Sin embargo, a través de los años, los corazones de los padres se aferraron a él con el afecto más tierno, paciente e inquebrantable, sin cansarse jamás de la carga, ministrando con una gentileza casi divina todo el tiempo.
Has visto también a enfermos que nunca podrían ser otra cosa que enfermos, por quienes se trabaja día tras día, a quienes se vigila año tras año, a quienes se lleva de una habitación a otra, arriba y abajo por las escaleras, como niños indefensos. No había esperanza de que alguna vez pudieran recompensar el esfuerzo que costaban, de que la carga se hiciera más ligera con el tiempo, o de que alguna vez pudieran ser otra cosa que objetos de cuidado.
Sin embargo, has visto amistad a la altura de una prueba tan dolorosa y costosa. Has visto esposos que viven por sus esposas enfermas, y esposas por esposos quebrantados. Has visto hogares enteros dedicados a un hermano o hermana enferma.
Incluso fuera del hogar y del círculo familiar, has visto amistades que nunca vacilaron ni se tambalearon bajo cargas que no podían disminuir. Hay, en verdad, santas amistades humanas cuya belleza y esplendor nos recuerdan, en medio del egoísmo y la dureza del mundo, que aún existen fragmentos de la imagen de Dios incluso en vidas caídas, y que es posible restaurar el brillo celestial. ¡Bienaventurados aquellos a quienes Dios da por amigos a tales personas excepcionales, desinteresadas y santas!
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Friendships
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.