La vida de Cristo para cada día

La angustia de quienes quedan fuera del reino

Cristo urge a entrar por la puerta estrecha antes que el amo la cierre; quienes queden fuera verán entrar a otros y serán echados a las tinieblas.

Los que vivieron cuando el Señor estuvo en la tierra gozaron del gran privilegio de hacerle preguntas. ¡Quién no quisiera compartirlo! Era, sin embargo, un privilegio que podía abusarse con facilidad. Muchos preguntaban al Señor cuestiones inútiles y curiosas. Esta pregunta: «¿Son pocos los que se salvan?» parece haberla hecho alguien que no buscaba salvarse de veras. Pues el Señor, en vez de responder a la pregunta, dirigió una exhortación a sus oyentes: «Esforzaos a entrar por la puerta estrecha; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán». ¿Pero no dijo una vez el Señor: «Todo el que busca halla»? Esta promesa se aplica solo al tiempo presente; hay un período en que ninguno que busque hallará. El Señor describió ese período en una parábola: «Cuando el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y comencéis a estar fuera y a llamar, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos!».

Ese período no ha llegado aún: la puerta permanece abierta, el amo invita, insta, suplica que entremos y participemos de su banquete glorioso. Pero si despreciamos sus ruegos, cerrará de pronto la puerta y nos excluirá para siempre. Los que queden fuera usarán argumentos para inducir al Señor a abrir. Algunos que fueron sus compañeros en la tierra dirán: «Hemos comido y bebido en tu presencia»; y algunos que oyeron sus discursos en sus propias ciudades dirán: «En nuestras calles enseñaste». Si morimos en nuestros pecados, de nada servirá decir en el último día: «Hemos vivido con gente santa; hemos sido instruidos por ministros santos». Hay dos circunstancias que aumentarán la angustia de los judíos excluidos del reino de Dios. Verán a sus propios patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, y a sus propios profetas, sentados al banquete celestial. Les parecerá duro no ser admitidos en la presencia de su propia parentela. ¿Y no les parecerá duro a muchos otros impíos cuando contemplen a un padre, una madre, un hermano, una hermana sentados a la cena del Cordero, y ellos mismos arrojados fuera? En la tierra siempre fueron bienvenidos a la mesa del padre, pero ni un padre piadoso tendrá poder para conseguir la entrada de un hijo no convertido a la presencia de Cristo.

Otra circunstancia que agravará la decepción de los judíos incrédulos será esta: verán a gentiles que despreciaron confluir del oriente y el occidente, del norte y del sur, hacia la nueva Jerusalén, mientras a ellos se les prohíbe entrar. ¿Y no aumentará la decepción de los que viven en esta tierra cristiana si llegan a ver a quienes se criaron en países paganos salvos, mientras ellos se pierden? Cuando éramos pequeños nos enseñaron a orar a Dios; oímos del cielo y del infierno; balbuceamos el nombre de Jesús apenas podíamos hablar. Hay muchos en tierras lejanas a quienes en su infancia se les enseñó a postrarse ante ídolos espantosos y a deleitarse en actos de crueldad; con todo, algunos de ellos se han vuelto a Dios e irán al cielo; ¡y qué si nosotros no fuéramos allí! Entonces, los postreros serán los primeros, y los primeros postreros. ¡Que Dios, en su infinita misericordia, nos salve de la gran culpa de rechazar su evangelio!

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ describes the misery of those who shall be shut out of His kingdom

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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