Es al alma viva que camina en tinieblas y no puede hallar a Dios a quien este texto habla: «Su salida está preparada como la mañana». Hay un tiempo señalado para que el Señor salga, y esto es comparado dulcemente con la salida del sol. ¿Acaso la aurora no conoce su lugar? ¿No sale el sol cada día en el minuto señalado? ¿Se adelanta alguna vez a su tiempo, o se retrasa? ¿Apresuró o retrasó jamás el libre albedrío de la criatura su salida por un solo segundo? Así es con la salida del Señor para la salvación de su pueblo, la salida del Señor en la revelación de su presencia y su poder, la salida del Señor del lugar donde por un tiempo se ha escondido, para descender con luz y vida al alma. Todas sus gloriosas salidas están tan preparadas, y el momento tan señalado, como lo está cada mañana la hora en que el sol ha de salir.
Pero ¿cuál es el estado natural de las cosas antes de que el sol salga? ¿No precede la medianoche al alba, y la oscuridad a la luz? Y cuando es medianoche, ¿podemos mandar al sol que se levante y disipe las tinieblas? ¿No hay, como dice el Salmista, una espera de la mañana? «Mi alma espera al Señor, más que los centinelas a la mañana». ¿No espera el enfermo, inquieto en su lecho, la mañana? ¿No espera el marinero náufrago, arrojado contra las rocas, la mañana para saber qué vela amiga se divisa? ¿No espera el hombre extraviado en los montes la mañana, para que el sol salga y halle el camino a casa? Pero con toda su espera no pueden mandar al sol que se levante; han de esperar el tiempo señalado. Así la salida del Sol de justicia, la aparición de Cristo en el corazón, la dulce revelación del Hijo de Dios, el alzar de la luz de su bendito rostro, está «preparada como la mañana»: tan fija, tan señalada en la mente de Dios como la mañana que ha de venir en su sazón; pero tan imposible de apresurarse como el sol de apresurarse por el cielo. Es tan imposible para nosotros hacer venir al Señor a nuestra alma antes del tiempo señalado, o retenerle cuando ha venido, como para nosotros hacer de Josué y decir: «Sol, detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ajalón». Pero «su salida está preparada como la mañana», y cuando él sale, sale «venciendo y para vencer», montado en el caballo blanco del Apocalipsis. Sale para vencer a nuestros enemigos, para superar nuestras tentaciones, para postrar nuestras almas a sus pies, para levantarse como el sol en su fuerza y venir al corazón con sanidad en sus alas.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.