Las vigilias matutinas

La cercanía confiada del hijo redimido por Cristo

El creyente halla descanso al clamar Abba, Padre, sabiendo que por la sangre de Cristo es acogido en la seguridad del amor del pacto divino.

Bendito Dios, me regocijo de poder mirarte a ti, el más poderoso de todos los seres, y llamarte con aquel nombre que disipa toda duda y acalla toda inquietud: «Padre mío que estás en los cielos».

Padre, he pecado contra el cielo y ante tu vista. El más bondadoso de los padres terrenales no habría soportado tanto una ingratitud y rebeldía como la mía. Mucho antes podrías justamente haberme echado como desterrado de tu presencia. Pero la voz de la misericordia paternal no se ha silenciado; la mano de la paciencia y el amor sigue todavía extendida. En medio de la ira merecida resuena tu propia declaración: «Yo seré un Padre para ti.» Que el alma, huérfana y sin herencia por naturaleza, sepa lo que es reposar en la seguridad de tu amor de pacto. Dame gracia para inclinarme con sumisión de hijo ante la voluntad del Padre, para oír en cada trato, alegre o doloroso, una voz paternal.

Redentor adorable, todos estos privilegios de adopción te los debo a ti. Es tu preciosa sangre la que me ha puesto entre los hijos y la que aún me conserva allí. De nuevo hoy acudiría a tu cruz y suplicaría que el Espíritu Santo, el Consolador divino, sea enviado a mi corazón, capacitándome para clamar: «Abba, Padre.» Que el pensamiento de esta bendita confianza me sostenga en medio de los cambios de la vida, y pueda morar con santo deleite en aquel día en que se acerque la muerte, para que todo temor sea disipado al oír tu voz paternal: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Todo lo pido por amor de Jesús. Amén.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR FILIAL NEARNESS

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura