¡Oh, la maravillosa condescendencia de Dios! Si él mira al cielo, entre tronos y dominaciones, serafines y querubines, es humildad, humildad estupenda. ¡Cuánto más cuando fija sus ojos cuidadores sobre este nuestro mundo inferior! Pero aún más que todo, cuando escucha los clamores y responde las peticiones de quien es infinitamente menor que la menor de todas sus misericordias. «Tú has oído, y yo soy reavivado; tú me has respondido, y soy confirmado en mi creencia de tu amor hacia mí. ¡Señor! En adelante, que todo mi amor sea tuyo, y en ti dependa toda mi fe.»
Ahora sé a quién acudir, y dónde es seguro esconderme. Ahora sé que un día es para Dios como mil años, y que cuanto él puede hacer en mil años, puede hacerlo en un solo día. Ahora, al amigo más unido que un hermano, con confianza me allegaré. La fe jamás podría ser demasiado amplia en sus peticiones a Dios en la oración; pero Dios ha ido muchas veces más allá de la fe en sus respuestas de misericordia, y ha hecho la bendición más amplia que la propia creencia, y más extensa que la mayor expectativa.
¡Ay! Es noche en el alma, cuando la incredulidad sugiere que el oído de Dios está pesado para no oír, y su mano acortada para no salvar. Señor, que tal noche no se extienda jamás sobre mi horizonte; sino que el lucero de la fe despliegue la mañana, hasta que el sol glorioso traiga el día perfecto. Mi extremo ha sido, y aún será, tu oportunidad para aparecer en mi socorro. Las circunstancias conmigo pueden llegar a lo sumo, hasta mi último extremo, pero jamás pueden llegar a tu sumo. Tú puedes salvar hasta lo sumo a todos los que acuden a ti.
Que otros expliquen la conducta de la providencia como quieran; pero por mi parte, yo la apruebo y la alabo, y desde ahora estaré a tu disposición, ¡oh, glorioso Gobernador de hombres y ángeles! Haz de mí como quieras, pues tu bondad la he experimentado desde mi cuna, y la experimentaré hasta el sepulcro. El mundo es extraño al misterio de la providencia, y a la comunión que tu pueblo tiene contigo en ella. Nada saben de la oración de fe, ni del retorno de la oración. Cuando el alma es ayudada a asirse firmemente de Dios en la promesa, y a mirar solo a él, y a nada más y a nadie además, es un preludio de la misericordia que se acerca.
Ahora, si mi alma consciente puede sonrojar, que me avergüence para siempre de mi incredulidad. Bendito sea tu nombre porque no has tratado conmigo según he pecado, ni me has dado mi propia medida en mi seno, ni pagado mis bajos pensamientos de Dios con escasos derramamientos de tu bondad. Ahora, ¡oh, Señor!, sosténme en el hueco de tu mano, y bajo tus alas déjame habitar; mientras que cualquier modo en que dispongas de mí, de todos modos me deleitará, hasta que al fin sea llevado más allá del alcance del tiempo, ¡donde los cambios y las mudanzas no tendrán jamás lugar!
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: Private Experience
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.