La verdadera bienaventuranza nunca puede llegar a nadie hasta que el perdón ha llegado. El pecado no perdonado yace como una maldición pesada sobre una vida. Ningún otro favor ni prosperidad aprovecha mientras el pecado permanezca sin cancelar. Pero con el perdón viene toda la dicha de la vida y de la gloria. Cuando somos perdonados, llegamos a ser al instante hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo de toda la rica herencia de la vida eterna. Todas las bendiciones de la salvación están contenidas en esta una.
Conviene estudiar también con provecho la palabra cubrir. Hay una manera de cubrir el pecado que no trae bendición. No debemos intentar cubrir nuestro propio pecado. El que encubre sus pecados no prosperará; pero el que los confiesa y los abandona alcanzará misericordia. Los pecados que cubrimos no son quitados; son como fuegos silenciosos en el volcán, listos para estallar en cualquier momento con toda su terribleza. Pero cuando Dios cubre nuestros pecados, quedan fuera de la vista para siempre: fuera de nuestra vista, de la del mundo y de la de Dios.
En un pasaje Dios dice que no se acordará más de nuestros pecados contra nosotros. El cubrimiento es completo y final. Los pecados quedan cubiertos por la expiación de Cristo. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, y el Señor cargó en él el pecado de todos. Si nuestros pecados fueron puestos sobre Jesucristo, quedan cubiertos para siempre y jamás se levantarán contra nosotros.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - December 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.