«De quien toma su nombre toda la familia en los cielos y en la tierra.» Efesios 3:15
«¡Toda la familia!» ¡Cuán grande será cuando todos sus miembros sean reunidos para sentarse a la cena de las bodas del Cordero! No es un mero remanente el que será salvo; no es de una minoría insignificante de quien el gran Cabeza dirá en el día de la manifestación final: «He aquí, aquí estoy yo, y los hijos que me has dado.» Juan vio una gran multitud en su tiempo; y si incontables multitudes se congregaron entonces, cuando los triunfos de la misericordia redentora apenas habían comenzado — ¡de qué números sin número constarán cuando esos triunfos hayan alcanzado su plena consumación!
Pero esta familia será no solo muy grande — sino muy amorosa. De la porción de ella que está ahora en la tierra, esto solo puede decirse en sentido limitado. Asuntos de importancia trivial se les permite mantenerlos separados; y, en vez de amarse los unos a los otros, como hijos de una misma familia, con demasiada frecuencia, ¡ay!, «riñen, se disputan y pelean.» Pero con la familia de arriba — todas las distinciones denominacionales y toda contienda sectaria pertenecen a las cosas primeras, que para siempre han pasado.
«He visto —dice uno— un campo aquí y otro allá, espesos de trigo. Un seto o dos los separaba. En la temporada apropiada entraron los segadores. Pronto la tierra quedó aliviada de su carga, y el grano fue llevado a su lugar destinado, donde, mezclado junto en el granero o en la gavila, no se podía saber que un seto había separado en cierta ocasión este trigo de aquel. Así es con la Iglesia. Aquí crece como en distintos campos, separados, puede que sea, por diversos setos. Y luego, cuando la cosecha haya llegado — todo el trigo de Dios será recogido en el mismo granero, sin una sola marca que distinga que una vez difirieron en las circunstancias externas de modos y formas.»
Y mientras su afecto mutuo será muy fuerte —corregidos todos los errores, eliminadas todas las diferencias pasadas— así, podemos aventurarnos a añadir, su conocimiento los unos de los otros será muy íntimo. Pues la familia celestial habitando bajo el mismo techo, sentada en torno a la misma mesa — y sin embargo ser desconocidos los unos para los otros — ¡cuán improbable es el pensamiento!
¡Oh, Señor! Hazme del número de tus hijos, llamado por tu nombre y participante de tu naturaleza divina. Que yo no sea un extraño ni un extranjero — sino conciudadano con los santos y de la familia de Dios. Guárdame de ser una vergüenza para ellos o un deshonor para ti; antes bien capacítame para conducirme de día en día, conforme a las indicaciones de tu santa palabra.
«Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos amados, y vivid una vida de amor — así como Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.»
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Family of the Redeemed
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.