Comentario Devocional y Práctico

La fe de los patriarcas: elegir el sufrimiento antes que el pecado

La fe de Isaac, Jacob, José, Moisés y Rahab muestra cómo la verdadera fe prefiere el sufrimiento al pecado, sostiene al creyente en la muerte y se apoya en la justicia imputada de Cristo.

Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, respecto de cosas por venir. Las cosas presentes no son las mejores cosas; ningún hombre conoce el amor ni el odio por tenerlas o por desearlas. Jacob vivió por fe, y murió por fe, y en fe. Aunque la gracia de la fe nos es útil siempre, durante toda nuestra vida, lo es de manera especial cuando llegamos a morir. La fe tiene una gran obra que hacer al final: ayudar al creyente a morir para el Señor, de modo que lo honre con paciencia, esperanza y gozo. José fue probado con tentaciones de pecar, y con persecución por mantener su integridad; y fue probado también con honores y poder en la corte de Faraón, y, sin embargo, su fe lo sostuvo. Es una gran misericordia estar libres de leyes y decretos impíos; pero cuando no es así, debemos valernos de todos los medios lícitos para nuestra seguridad. En esta fe de los padres de Moisés hubo una mezcla de incredulidad, pero Dios se complació en pasarla por alto. La fe da fortaleza contra el temor pecaminoso y servil de los hombres; pone a Dios delante del alma, muestra la vanidad de la criatura, y que todo debe ceder ante la voluntad y el poder de Dios. Los placeres del pecado son, y serán, solo breves; han de terminar o en pronto arrepentimiento o en pronta ruina. Los placeres de este mundo son, en su mayor parte, placeres del pecado; siempre lo son cuando no podemos gozar de ellos sin abandonar a Dios y a su pueblo. El sufrimiento ha de preferirse al pecado; pues hay más mal en el menor de los pecados que el que pueda haber en el mayor de los sufrimientos. El pueblo de Dios es, y siempre ha sido, un pueblo afrentado. Cristo se tiene por afrentado en sus afrentas; y así llegan a ser mayores riquezas que los tesoros del imperio más opulento del mundo. Moisés hizo su elección cuando estaba maduro para el juicio y para el goce, capaz de saber lo que hacía, y por qué lo hacía.

Es necesario que las personas sean seriamente religiosas; que desprecien el mundo cuando son más capaces de saborearlo y disfrutarlo. Los creyentes pueden y deben tener respeto al galardón de la recompensa. Por fe podemos estar plenamente seguros de la providencia de Dios, y de su presencia graciosa y poderosa con nosotros. Tal visión de Dios habilitará a los creyentes para perseverar hasta el fin, sea lo que sea que encuentren en el camino. No es por nuestra propia justicia, ni por nuestras mejores obras, que somos librados de la ira de Dios; sino por la sangre de Cristo, y por su justicia imputada. La verdadera fe hace amargo el pecado al alma, aun mientras recibe el perdón y la expiación. Todos nuestros privilegios espirituales en la tierra deberían acelerarnos en nuestro camino al cielo. El Señor hará aun caer a Babilonia delante de la fe de su pueblo, y cuando tiene alguna gran cosa que hacer por ellos, levanta en ellos una fe grande y fuerte. Un verdadero creyente desea no solo estar en pacto con Dios, sino en comunión con el pueblo de Dios; y está dispuesto a pasar las cosas tal como ellos las pasan. Por sus obras Rahab se declaró justa. Que ella no fue justificada por sus obras aparece con claridad; porque la obra que hizo fue defectuosa en el modo, y no perfectamente buena, por tanto no podía corresponder a la perfecta justicia o rectitud de Dios.

Por otros creyentes del Antiguo Testamento (

Fuente y atribución

Autor original: Religious Tract Society

Título original: Devotional and Practical Commentary — Hebrews 11:20-31

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.

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