La fe es parte esencial de la armadura espiritual: «Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno». También se describe como la coraza del creyente. No hay un instante, ni aun el más santo, en que no estemos expuestos a los dardos de fuego del adversario; y a menudo el ataque sobreviene cuando menos lo esperamos, en temporadas de peculiar cercanía a Dios. Pero, revestidos con el escudo y la coraza de la fe, ningún arma formada contra nosotros prosperará y el enemigo será puesto en fuga. La fe en un Salvador crucificado, resucitado, vencedor y exaltado es la fe que vence y triunfa.
La fe es una gracia purificadora: «Purificando sus corazones por la fe». Es un principio santo en su naturaleza y tendencia; quien más fe tiene es más santo, y quien menos fe tiene está más expuesto a los asaltos de sus corrupciones innatas. La fe en Jesús refrena el poder del pecado, mata la corrupción oculta y capacita al creyente para «soportar como viendo al Invisible». Por eso, quien anhela la santidad debe orar sin cesar: «Señor, aumenta mi fe».
Acaso nada milita tan secreta y eficazmente contra el vigor de una vida de fe como el poder del pecado no domeñado en el corazón. La fe es una planta celestial que echa sus raíces en el corazón renovado y santificado; si se permite que las malas hierbas del suelo natural crezcan y dominen, esta planta se marchitará y decaerá. Mientras haya el gusano del pecado sin mortificar royendo la raíz, la fe será enfermiza, estéril y «a punto de morir». Apartar la mirada de Cristo también debilita la fe; en cambio, cuanto más constantemente fija el ojo su mirada en Jesús, el Sol de Justicia, más fuerte se vuelve.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.