Las vigilias matutinas

La fe sencilla que descansa solo en Cristo

El alma que acude a Cristo sin otro mérito que su propia misericordia halla paz y firmeza, confiando en que el Pastor de Israel nunca conducirá por camino equivocado.

Oh eterna y siempre bienaventurada Fuente de toda luz, Manantial de toda dicha, Dios de toda gracia, mira esta mañana con ese amor que guardas a los tuyos, mientras me aventuro de nuevo en tu sagrada presencia. Que el mundo quede excluido y pueda sentirme a solas con Dios.

Vengo en la nada de la criatura, descansando únicamente en la plenitud de Jesús. Vengo, tal como soy, sin excusa alguna, como pecador y como el primero de los pecadores, a ti, Salvador todopoderoso. Renuncio a toda confianza en la criatura y, con toda la carga de mi culpa, me echo a tus pies por tiempo y eternidad. «Señor, sálvame, o perezco.» No puedo sostenerme en mí mismo; solo en aquel que se hizo fiador mío y que aún está a la diestra de la Majestad en los cielos, presentando mi nombre y mis oraciones ante el trono. Jesús, soy completo en ti. No dejes que mire a mí mismo, donde todo me hunde en desaliento; permite que mire con el ojo indiviso de la fe a tu sacrificio sangrante.

Señor, vengo y apelo a tu palabra. Magnifica tu gracia en mí; muéstrame mi total indigencia, para que cada paso hacia la gloria sea un paso de gracia. Y mientras con fe de niño descanso en la obra acabada de Jesús, dame esa misma confianza sencilla en todos sus tratos. Que sienta que el Pastor de Israel no puede guiarme mal; que su propio camino ha de ser el más seguro y el mejor. «Al que viene a mí no lo echaré fuera.» Todo lo pido por amor de Jesús. Amén.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR SIMPLICITY OF FAITH

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura