Están equivocados quienes ponen una mera creencia nocional del evangelio por todo el conjunto de la religión evangélica, como muchos hacen hoy. Sin duda, la fe verdadera, sola, por la cual los hombres tienen parte en la justicia, expiación y gracia de Cristo, salva sus almas; pero produce frutos santos, y se muestra real por su efecto en sus obras; mientras que el mero asentimiento a cualquier forma de doctrina, o la mera creencia histórica de cualesquiera hechos, difiere del todo de esta fe salvadora. Una profesión vacía puede granjear la buena opinión de personas piadosas; y puede procurar, en algunos casos, bienes mundanos; mas ¿qué aprovechará al hombre ganar todo el mundo y perder su alma? ¿Podrá esta fe salvarle? Todas las cosas deben ser tenidas por nosotros como provechosas o inútiles según tiendan a promover o a estorbar la salvación de nuestras almas. Este pasaje de la Escritura muestra con claridad que una opinión, o asentimiento al evangelio, sin obras, no es fe. No hay manera de mostrar que creemos de verdad en Cristo, sino siendo diligentes en buenas obras, por motivos del evangelio y para fines del evangelio. Los hombres pueden jactarse ante otros y envanecerse de aquello que en realidad no tienen. En la fe no ha de haber solo asentimiento, sino consentimiento; no solo asentimiento a la verdad de la palabra, sino consentimiento en tomar a Cristo. El verdadero creer no es un acto solo del entendimiento, sino una obra de todo el corazón. Que la fe justificadora no puede ser sin obras se muestra por dos ejemplos: Abraham y Rahab. Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. La fe, produciendo tales obras, le adelantó a favores peculiares. Vemos entonces, Santiago 2:24, cómo que por obras es justificado el hombre, no por una mera opinión o profesión, o creer sin obedecer; sino por tener una fe tal que produce buenas obras. Y el tener que negar su propia razón, afectos e intereses es una acción apta para probar al creyente. Observemos aquí el maravilloso poder de la fe para transformar a los pecadores. La conducta de Rahab probó que su fe era viva, o que tenía poder; mostró que creyó con su corazón, no meramente con un asentimiento del entendimiento. Pongamos entonces atención, pues las mejores obras, sin fe, están muertas; les falta raíz y principio. Por la fe todo cuanto hacemos es verdaderamente bueno, como hecho en obediencia a Dios y con miras a su aceptación: la raíz está como muerta cuando no hay fruto. La fe es la raíz, las buenas obras son los frutos; y debemos velar por tener ambos. Esta es la gracia de Dios en la cual estamos firmes, y debemos mantenernos en ella. No hay estado intermedio. Cada uno debe vivir, o amigo de Dios, o enemigo de Dios. El vivir para Dios, como es consecuencia de la fe que justifica y ha de salvar, nos obliga a no hacer nada contra él, sino todo para él y por él.
Capítulo 3
Advertencias contra la conducta soberbia y el daño de una lengua indómita (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — James 2:14-26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.