Solo que se me permitiera contemplar a un ser como Jehová… pensar en la bondad, la santidad, la justicia, la misericordia, la paciencia y la soberanía personificadas y condensadas; pensarlas unidas a la eternidad, al poder infinito, a la sabiduría infalible, a la omnipresencia y a la total suficiencia; pensar en todas estas perfecciones naturales y morales indisolublemente unidas y entrelazadas en dulce armonía en un ser puro y espiritual, y ese ser colocado en el trono del universo… pensarlo sería una felicidad suficiente para colmar la mente de cualquier criatura existente. Pero además de esto, tener a este ser inefable por mi Dios, mi porción, mi todo; poder decir: "¡Este Dios es mi Dios para siempre jamás!"; que su rostro resplandeciente sonría sobre mí; estar rodeado por sus brazos eternos de poder, fidelidad y amor; oír su voz diciéndome: "Yo soy tuyo, ¡y tú eres mío! Nadie te arrebatará jamás de mis manos, ni te separará de mi amor; sino que estarás conmigo donde yo estoy, contemplarás mi gloria y vivirás para reinar conmigo por los siglos de los siglos." ¡Esto es demasiado! Es honor, es gloria, es una felicidad demasiado abrumadora, demasiado arrebatadora para que mentes mortales la conciban, o para que cuerpos mortales la soporten.
En el cielo, los santos estarán enteramente perdidos y absorbidos en Dios, y sus mentes quedarán tan completamente absortas en la contemplación de sus glorias inefables, infinitas y no creadas. ¡Oh, entonces, qué debe ser escapar para siempre del error, la ignorancia, las tinieblas y el pecado hacia la región del día luminoso, sin nubes y eterno! ¡Qué debe ser contemplar a tu Dios y Redentor cara a cara! ¡Qué debe ser contemplar continuamente, con fuerza inmortal, glorias tan deslumbrantemente brillantes que un solo instante de su visión convertiría ahora, como un relámpago, vuestros cuerpos frágiles en polvo! ¡Qué debe ser ver el volumen eterno de los consejos divinos, el poderoso mapa de la mente divina, desplegado ante vuestra mirada ávida y penetrante! ¡Qué debe ser explorar la altura y la profundidad, la longitud y la anchura del amor del Redentor, y seguir viendo nuevas maravillas, glorias y hermosuras derramarse sobre vuestras mentes en sucesión constante e incesante, suscitando nuevos cánticos de alabanza, cánticos en los que os uniréis a los innumerables coros de ángeles, a las incontables miríadas de los redimidos, todos clamando con voz como de muchas aguas: "¡Aleluya, porque reina el Señor Dios Todopoderoso!"
DIOS ESTÁ AIRADO CONTRA LOS PECADORES IMPENITENTES
Fuente y atribución
Autor original: Edward Payson
Título original: Selections from the writings of Edward Payson — 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edward Payson, publicado originalmente en Grace Gems.