La gracia celestial implantada en el alma es la piedra maravillosa que convierte todo lo que poseemos en una naturaleza más excelente y de mayor valor. La gracia vuelve el hierro en plata, y la plata en oro.
Derramando contentamiento divino por toda el alma, la gracia divina convierte nuestro agua en vino, nuestros centavos en libras, nuestras humildes chozas en espléndidos palacios, la escasez en abundancia, y todo en suficiencia, porque nuestra satisfacción es la misma con esto, como si poseyéramos aquello.
La gracia disminuye la aflicción, magnifica las misericordias, alivia el dolor, ensancha el amor, desprecia las vanidades, anhela la bienaventuranza futura, rectifica nuestros deseos, somete nuestras corrupciones, regula nuestros afectos, refrena nuestra ambición, eleva y refina nuestros afectos, quita el mundo presente y presenta el mundo venidero. Por la gracia somos refinados en la aflicción, triunfamos en nuestras angustias, en todos nuestros conflictos somos más que vencedores, y ganamos la batalla. Por la gracia escuchamos la reprensión, somos instruidos por la vara, sumisos bajo las cruces, silenciosos bajo las pérdidas, pacientes en la tribulación, mansos bajo los oprobios, humildes aunque ensalzados, olvidadizos de las injurias, memoriosos de los beneficios, fieles a nuestro deber, misericordiosos con nuestros enemigos, y amigos de todo el mundo.
Por la gracia temblamos ante los juicios, nos regocijamos en las misericordias, observamos las providencias, luchamos contra nuestra incredulidad, nos afligimos por nuestra ingratitud, y combatimos nuestras faltas cotidianas.
Por la gracia nuestras almas saborean los goces divinos, y aborrecen el alimento ligero de las vanidades mundanas. La gracia endulza nuestros pesares, mitiga nuestras desdichas, atraviesa las sombras y busca las realidades invisibles. Donde la gracia está implantada en el seno, todo redunda en provecho del alma. El camino de la vida, espinoso para otros, es florido para nosotros, y nuestro sendero hasta el fin es paz.
Lo que para el mundo carnal es maldición, para los poseedores de esta gema preciosa es bendición. Por la gracia nuestros dolores se destierran, nuestros placeres se purifican, la esperanza se endulza, las cargas se aligeran, la debilidad se fortalece, las tempestades se dispersan, y la armonía se difunde dentro. ¡Qué noble cosa es la gracia, o Cristo por su Espíritu habitando en el alma! No es de extrañar, pues, que se obre un cambio tan glorioso, y todo para bien, de modo que podemos mirar hacia la eternidad sin desmayo, esperar el solemne juicio con fe inquebrantable, enfrentar al rey de los terrores con valor indómito, y tener esperanza en el postrer estertor.
Sea el oro la porción de los avaros; el honor la de los ambiciosos; los placeres la de los voluptuosos; ¡pero sea la gracia mía! Pues así mis aflicciones son más dulces que la prosperidad de los impíos; mis oprobios preferibles a los aplausos de un mundo frívolo; ¡y mi propia muerte más deseable que la vida del monarca más espléndido, aunque sea impío!
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: GRACE
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.