Mañana y noche

La gracia recibida es fuerza para servir

Toda fortaleza que Dios da al creyente está destinada al servicio y no al egoísmo; comemos del pan del cielo para gastar nuestras fuerzas en la obra del Maestro.

Toda la fuerza que nos concede nuestro Dios lleno de gracia está destinada al servicio, no al egoísmo, la disolución ni la jactancia. Cuando el profeta Elías encontró el pan cocido sobre las brasas y la jarra de agua puesta a su cabecera, mientras yacía bajo el enebro, no era ningún caballero para ser agasajado con manjares exquisitos que le permitieran recostarse a sus anchas; muy al contrario, fue comisionado para caminar cuarenta días y cuarenta noches con la fuerza de aquel alimento, viajando hacia Horeb, el monte de Dios.

Cuando el Maestro invitó a los discípulos: «Venid y comed» con Él, después de concluido el banquete dijo a Pedro: «Apacienta mis ovejas»; y añadió además: «Sígueme.» Así es con nosotros: comemos el pan del cielo para gastar nuestra fuerza en el servicio del Maestro. Venimos a la Pascua y comemos del cordero pascual: «Ceñidos vuestros lomos, y vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano, lo comeréis así, apresuradamente», como dispuestos para un largo viaje, a fin de partir de inmediato una vez satisfecho nuestro hambre.

Algunos cristianos se empeñan en vivir de Cristo, pero no se preocupan tanto por vivir para Cristo. La tierra debería ser una preparación para el cielo; y el cielo es el lugar donde los santos más banquetean y más trabajan. Se sientan a la mesa de nuestro Señor, y le sirven día y noche en su templo. Comen del alimento celestial y rinden servicio perfecto.

Creyente, en la fuerza que cada día recibes de Cristo, trabaja para Él. Algunos de nosotros tenemos aún mucho que aprender acerca del designio de nuestro Señor al darnos su gracia. No hemos de retener los preciosos granos de verdad como la momia egipcia conservó el trigo durante siglos, sin darle oportunidad de crecer: debemos sembrarlo y regarlo.

¿Por qué envía el Señor la lluvia sobre la tierra sedienta, y da el sol benéfico? ¿No es acaso para que todo ello ayude a los frutos de la tierra a dar alimento para el hombre? Así también el Señor alimenta y refresca nuestras almas, para que después empleemos nuestra fuerza renovada en la promoción de su gloria.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: October 5 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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