Si no conocemos a Jesús por nosotros mismos, por algún descubrimiento espiritual de su Persona y de su obra, ¿qué testimonio tenemos de un interés salvador en su gracia? Porque no hay gracia sino la que fluye por medio de él, pues "la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo." Esto es lo que siempre deberíamos anhelar.
Nuestro deseo y oración diaria y horaria debería ser tener descubrimientos espirituales de Cristo; verle con el ojo de la fe; penetrar en su gloriosa Persona y obra consumada; realizar su presencia, gustar su amor, y conocerle y el poder de su resurrección. Esto es lo que Pablo anhelaba con tanto empeño (Fil. 3:10); y por la excelencia de este conocimiento sufrió la pérdida de todas las cosas, y las tuvo por estiércol a fin de ganar a Cristo. Conocerle como nuestro Fiador y Cargador de pecados, nuestro Abogado e Intercesor, nuestro Amigo, Esposo y Hermano; conocer nuestro interés salvador en él, y nuestra unión con él; nuestro lugar en su corazón, nuestro nombre en su pecho, nuestro memorial en las palmas de sus manos — ¿qué puede superar la bienaventuranza de un conocimiento como éste?
Por este conocimiento espiritual y experimental de él fluye la gracia. Así como un canal que se abre a un río hace descender su corriente de riego al prado sediento, así el conocimiento de Cristo abre un cauce por el cual la gracia que hay en él fluye al alma árida y reseca. Así, pues, como sólo por gracia le conocemos, toda nueva comunicación de gracia no sólo le da a conocer mejor, sino que fluye a través de ese mismo conocimiento.
La gracia que viene por este conocimiento de él trae también paz; pues él es "nuestra paz." Él "derribó la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, abrogando la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz." Por eso vino y anunció la paz "a los que estaban lejos y a los que estaban cerca." Su sangre habla paz a la conciencia culpable; su voz dice paz a los vientos y olas del corazón agitado; su último legado fue: "La paz os dejo, mi paz os doy;" su promesa al morir fue: "En mí tendréis paz;" y, como Príncipe de paz a la diestra de Dios, es capaz de llenarnos "de todo gozo y paz en el creer," porque su reino es "justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo." Y así, por el conocimiento de él como nuestro Señor, "la gracia y la paz" son ambas "multiplicadas."
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.