Porciones diarias

La herencia eterna que nunca se marchita

Todo lo terrenal ha de dejarse y su encanto se marchita con la posesión; pero la herencia de los redimidos conserva frescura, fragancia y belleza perpetuas, creciendo en dicha al ser conocida.

Cualquier cosa que usted tenga en este mundo, sea mucho o poco, ha de dejarla. Y si no tiene otra herencia que la que la tierra da, ¿cuál será su porción en la muerte y por toda la eternidad? Pero si usted ha sido engendrado de nuevo para una esperanza viva, aun cuando no goce de la plena seguridad de la fe, tiene ante sí una herencia que no se marchita. Imaginamos a veces cuán felices seríamos si tuviéramos la hermosa hacienda de este hombre o la gran propiedad de aquél; cuánto mejor la administraríamos que él y cuánto bien haríamos con ella. ¿Y piensa usted que esos hombres son felices con todas sus posesiones, y que usted lo sería más o mejor si las tuviera? No es propia de la naturaleza la felicidad. Estos ricos tienen una oruga que devora toda su dicha. Y aun libres de los mayores pesares, toda satisfacción de la carne se marchita, pues la posesión misma quita el brillo y con ella llegan todas las ansiedades y cuidados conexos.

Pero esta herencia eterna "no se marchita". Las flores más dulces se marchitan y se tiran cuando se vuelven desagradables a la vista y al olfato. Pero hay una frescura duradera, un verdor constante, un florecer perpetuo, una fragancia incesante y una dulzura permanente en esta herencia eterna, de modo que nunca resulta sosa ni gastada, sino que permanece siempre igual, o mejor dicho, crece sin cesar en belleza y bienaventuranza a medida que es más conocida, creída, esperada y amada.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 14

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura