En la mente de Dios, y como elegidos en Cristo, la Iglesia es un cuerpo perfecto. Es, por tanto, la plenitud de Cristo. Así como nuestra cabeza y miembros, en su unión recíproca, forman un cuerpo perfecto y armónico, así es con Cristo y la Iglesia. Como la cabeza natural sería incompleta sin el cuerpo, y el cuerpo incompleto sin la cabeza, así es con Cristo místico y su cuerpo la Iglesia. Cada uno necesita al otro, y la unión de ambos hace el todo completo.
El Hijo de Dios, al hacerse carne, necesitó un cuerpo del cual fuera la Cabeza. Sin él, sería como un esposo sin la esposa, un pastor sin las ovejas, un fundamento sin el edificio, una vid sin los pámpanos. No necesitó a la Iglesia como Hijo de Dios, pero la necesitó como Hijo del hombre. En ella todo su amor es completo, su obra completa, su gracia completa, su gloria completa; y cuando ella sea traída a casa para estar para siempre con él en gloria, entonces todos los propósitos de Dios, todos sus eternos consejos de sabiduría y gracia, serán consumados. En este sentido podemos entender la expresión: la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. ¡Qué pensamiento tan admirable que aquel que, como Hijo de Dios, todo lo llena en todo, que llena todos los lugares con su omnipresencia, se haya dignado tener una plenitud relativa en su cuerpo la Iglesia!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.