Mañana y noche

La iniquidad que se esconde en lo más santo

Un examen humillante de cómo el pecado se esconde aun en nuestras obras más santas, y el consuelo de que Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, presenta al Padre Su propia santidad por nosotros.

¡Qué velo levantan estas palabras—y qué revelación se hace! Nos será humillante y provechoso detenernos un poco y contemplar este triste espectáculo. Las iniquidades de nuestro culto público—su hipocresía, formalidad, tibieza, irreverencia, vagar del corazón y olvido de Dios—¡qué abundante medida tenemos allí! Las iniquidades de nuestra obra para el Señor—su ambición, egoísmo, negligencia, flojera, incredulidad—¡qué masa de contaminación hay allí! Nuestras devociones privadas—su flojedad, frialdad, descuido, somnolencia y vanidad—¡qué montaña de tierra muerta hay allí! Si miráramos con más cuidado—encontraríamos que esta iniquidad de las cosas santas es mucho mayor de lo que parece a primera vista.

Payson, escribiendo a su hermano, dice: "Mi parroquia, así como mi corazón, se parece mucho al jardín del perezoso; y lo que es peor, encuentro que muchos de mis deseos para el mejoramiento de ambos proceden del orgullo, de la vanidad o de la indolencia. Miro las malas hierbas que cubren mi jardín y exhalo el ferviente deseo de que fueran arrancadas. Pero, ¿por qué? ¿Qué motiva el deseo? Puede ser para que yo salga a pasear y me diga a mí mismo: '¡Qué tan bien cuidado está mi jardín!' Esto es orgullo. O puede ser para que mis vecinos miren por encima del muro y digan: '¡Qué tan floreciente está tu jardín!' Esto es vanidad. O puedo desear la destrucción de las hierbas porque estoy cansado de arrancarlas. Esto es indolencia."

Aun nuestros deseos de santidad—pueden ser contaminados por malos motivos. Bajo el césped más verde—se esconden gusanos; no necesitamos mirar mucho para descubrirlos. ¡Cuán alentador es el pensamiento de que cuando el Sumo Sacerdote llevaba la iniquidad de las cosas santas, llevaba en su frente las palabras: "Santidad a Jehová!" Así también, mientras Jesús lleva nuestro pecado, Él presenta ante el rostro de Su Padre, no nuestra falta de santidad—sino Su propia santidad. ¡Oh, por gracia para contemplar a nuestro gran Sumo Sacerdote con el ojo de la fe!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: January 8 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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