"Y aconteció a la medianoche que el SEÑOR hirió a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sentaba en su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en el calabozo." Éxodo 12:29
La muerte de todo primogénito de los egipcios contenía un parecido tan vivo y guardaba una relación tan natural con su pecado de destruir a todo varón de los israelitas, que seguramente debieron percibir en ello un castigo por aquella misma crueldad; y, en consecuencia, debieron concluir que el Dios de Israel tomaba particular nota de las transacciones humanas y, tarde o temprano, recompensaba a cada hombre según sus obras. El aumento gradual de los juicios infligidos a Egipto es algo notable, e igualmente expresivo de la misericordia y la justicia de Dios. Las primeras cuatro plagas fueron repugnantes más que fatales; pero, después de la de las moscas vino la pestilencia, que descargó su furia principalmente sobre el ganado; las úlceras y llagas alcanzaron tanto a hombres como a bestias, aunque todavía hubo una reserva de vida; el granizo y las langostas se extendieron, en gran medida, hasta la vida misma —el primero por un golpe inmediato y ambos, consecuentemente, al destruir los frutos de la tierra. La de las tinieblas añadió consternación a sus mentes y azotes a sus conciencias; y cuando todo esto no los reformó, al fin vino el golpe decisivo: primero la muerte de los primogénitos, y luego el ahogamiento del incorregible tirano y de todo su ejército. "¡Grandes y maravillosas son Tus obras, Señor Dios Todopoderoso! Justos y verdaderos son Tus caminos, oh Rey de los santos."
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — October 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.