Consideremos lo que esta condición no implica. No incluye libertad de la morada del pecado, ni exención de la corrección divina, ni la ausencia de autoacusación; ni supone que no haya nada por lo cual el creyente merezca morir. Todo esto existe donde sin embargo no hay condenación. La batalla con el mal interior aún se libra, la tierna corrección del Padre aún se experimenta, la propia condenación se siente, y aun en la vida más santa hay algo que, si Dios marcase iniquidades, merecería eterna condenación; no obstante, la declaración permanece intacta: «Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús».
La libertad del creyente es cabal exención de condenación. El pecado no lo condena, ni la ley, ni la maldición, ni el infierno, ni Dios lo condena. Por el sacrificio de Cristo, todos los pecados de la iglesia quedan enteramente quitados: Él, el Cordero sin mancha, los tomó y los llevó a una tierra de olvido donde ni la mente divina los recuerda. La obediencia y muerte de Cristo satisficieron las demandas de la ley en su carácter preceptivo y punitivo. Ningún mérito personal del pecador entra en la cuenta de su absolución; esa posición tan alta sólo se alcanza por el expediente que armoniza con los atributos de Dios y mantiene el esplendor de su gobierno. El Padre, al contemplar en el Salvador la divinidad que suministra el mérito y la humanidad que rinde la obediencia y sufre el castigo, acepta al Salvador y absuelve al pecador. Cristiano, no hay ahora condenación para ti; sé, pues, tuya el gozo pleno y presente.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - November 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.