Aprendemos de la Escritura que todo ese vasto mundo se divide en dos departamentos, y solo dos: el Cielo y el Infierno; y que entre ambos está fijado un gran abismo: un abismo infranqueable de separación. Pero separados como están, Cristo reina sobre ambos; y cuando dice: "Yo tengo las llaves del mundo invisible", afirma su dominio sobre todos los espíritus que alguna vez han pasado de este mundo, ya sea al Cielo o al Infierno; y su control absoluto sobre ellos en su destino final de felicidad o de miseria.
Cuando se afirma que también tiene "la llave de la MUERTE", se implica claramente que ningún espíritu puede salir de este mundo presente sin su designio; y, más generalmente, que él es Señor de los vivos no menos que de los muertos, y tiene un dominio completo sobre todo lo que pueda de algún modo afectar la vida de los hombres. Un poder absoluto sobre la muerte presupone necesariamente un poder correspondiente sobre la vida y sus asuntos. Y es por medio del ejercicio de su providencia al sostener la vida como cumple su propósito respecto al tiempo y modo de la partida de los hombres de aquí.
De modo que, al combinar estas varias vistas, llegamos a este resultado grande y comprensivo: que el Redentor posee poder absoluto sobre el curso de nuestras vidas en la tierra; sobre el tiempo y la manera de nuestra partida del mundo; y sobre aquel estado invisible, en cada uno de sus grandes departamentos, al cual entran nuestros espíritus cuando dejan sus tabernáculos mortales.
Y este noble testimonio del poder universal y la presencia eterna de Cristo con sus discípulos, sirve para sugerir varias reflexiones que pueden ser útiles para disipar sus ansiedades y fortalecer su valor, cuando contemplan ya sea el curso futuro de su peregrinaje aquí, o la solemne perspectiva de su terminación, o el estado aún más solemne, porque desconocido y eterno, al cual entrarán en lo porvenir.
¿Tiene el Redentor las llaves de la muerte? Entonces esta consideración debe aliviar nuestras mentes tanto de las ansiedades como de los pesares que somos propensos a sentir con respecto a los cambios de la vida presente.
Debe mitigar la ansiedad que a menudo atormenta la mente cuando miramos hacia el futuro y contemplamos la perspectiva de nuestra propia muerte. Debemos recordar que, como solo el Redentor tiene las llaves de la muerte, nada puede suceder para enviarnos fuera del mundo antes del tiempo que él ha designado para nuestra partida. Ni los hombres ni los demonios pueden abreviar el plazo de prueba que nos ha asignado nuestro benigno Señor. Ni, hasta que él se complazca en llamarnos, prevalecerá contra nosotros ningún poder en la tierra o en el infierno. Ningún accidente, ninguna violencia hostil, ninguna insidiosa trampa, ninguna oscura conspiración, puede tocar nuestra vida sino por su mandato. Y ciertamente, cuando reflexionamos sobre los numerosos peligros a que está expuesta la vida humana aun en su mayor seguridad — la fragilidad de nuestro cuerpo, las enfermedades a que está sujeto, nuestra constante exposición a accidentes fatales, la malicia de enemigos abiertos u ocultos — debe ser consolador saber que la llave de la muerte está en las manos del Salvador, y que, pase lo que pase, no podemos ser sacados del mundo hasta que él abra la puerta y nos diga que vayamos a él.
Fuente y atribución
Autor original: James Buchanan
Título original: The Key of Death — parte 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Buchanan, publicado originalmente en Grace Gems.