Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La luz de Dios contra todo engaño del alma

La luz falsa del engaño estrella el alma contra la desesperación; la luz divina, con sus gracias, guía al puerto del descanso eterno.

Cuando un hombre camina en la tiniebla y la muerte de la falta de regeneración, no tiene luz verdadera. Puede, en efecto, tener una luz falsa, como la de la presunción, el engaño o la vana confianza; pero toda luz prestada de esa clase es peor que las tinieblas, según dice el Señor: «Si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡cuán grandes serán esas tinieblas!» La única luz que salva es la luz de Dios resplandeciendo en el alma, que nos hace ver y conocer «al único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien él ha enviado». Un hombre puede tener la luz más clara en su entendimiento y, con todo, no haber conocido jamás la luz penetrante del Espíritu que produce convicción en su alma; puede tener el conocimiento más exacto de las doctrinas de la gracia y contemplar el armonioso designio de la salvación, y, sin embargo, no haber visto jamás a un Dios santo por enseñanza divina ni haber sentido la espiritualidad de su justa ley condenándolo como transgresor.

Pero «la luz de vida», como la llama el Señor, guía con seguridad a quien la posee. Si no la tenemos, con seguridad nos extraviaremos: nos enredaremos en algún error, nos precipitaremos en alguna herejía, asimilaremos alguna doctrina de demonios, beberemos de algún engaño espantoso o caeremos en algún pecado terrible, y «naufragaremos en cuanto a la fe». Una luz falsa se parece a las luces que los piratas alzaban para atraer a los barcos a su destrucción, o a los fuegos que los «naufragadores», aquellos personajes tan temibles de Cornualles, encendían en su costa escarpada para que el marinero los confundiera con un faro amigo y estrellara su nave contra las rocas, donde aquellos despiadados la saqueaban. Una luz falsa solo puede estrellarnos contra las rocas de la presunción o de la desesperación.

Pero la luz de la vida divina en el alma va acompañada de todas las gracias del Espíritu. Es la luz de la gloria de Dios, la luz del rostro de Jesús y la luz de la enseñanza del Espíritu, y por ello es guía y guarda infalible; como dice el apóstol: «Tenéis unción del Santo y sabéis todas las cosas». Y este piloto infalible guiará al alma a quien le es dada, segura, hasta el puerto del descanso y la paz eternos.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 20

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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