Qué espesas nubes de tiniebla se extienden a veces sobre nuestras almas: todo fuera de vista, nuestras señales y testimonios sepultados, por así decirlo, en la niebla. Es como una niebla marina que sale del seno del abismo y oculta todos los objetos. Los barcos siguen en el mar, pero esa densa niebla impide verlos. Así está a veces nuestra alma: todo brumoso, nublado, sin que se vea señal alguna de la obra de Dios en nuestro corazón. Y, sin embargo, las conocemos al recibir el Espíritu de Dios, porque es el único modo de conocerlas. Solo vemos luz en la luz de Dios; solo creemos con la fe de Dios; solo amamos con el amor de Dios; por tanto, solo podemos conocer las cosas que Dios nos ha dado gratuitamente por la revelación del Espíritu.
Lo que conocemos de manera salvadora, experimental y sentida, lo conocemos solo por la enseñanza divina. ¡Cuán oscura está a menudo nuestra mente, cuán bajo caemos a veces! Solo el Hijo de Dios puede hacernos levantar; solo por la revelación de su Espíritu podemos creer que somos suyos. Sabemos que él es Dios cuando resplandece, como sabemos que el sol brilla cuando resplandece en el cielo estival. Lo conocemos por la enseñanza del Espíritu, pero no podemos verlo hasta que nuestros ojos son divinamente abiertos. El sol puede brillar en todo su esplendor, ¿acaso comunica luz a los ojos del ciego, o calienta al cadáver tendido en el ataúd? Los ciegos no ven; los muertos no oyen; los vivos, solo los vivos, ven y conocen al Hijo de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.