Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La luz que viene de Dios

El salmista llevaba en su corazón una luz venida de Dios, y en ella discernía el bien del mal. Aunque las dudas se ciernen, el Señor revive su obra y confirma su luz.

El salmista estaba claramente poseído de luz, pues dice: «Dios es el Señor, que nos ha mostrado luz». Evidentemente, pues, estaba poseído de luz; y esta luz estaba en él como «la luz de la vida». Esta luz había resplandecido en su corazón; los rayos y destellos de la verdad divina habían penetrado su conciencia. Llevaba consigo una luz que había venido de Dios; en esta luz veía luz, y en esta luz discernía todo cuanto la luz manifestaba. Así, por esta luz interior conocía lo que era bueno y lo que era malo, lo dulce y lo amargo, lo verdadero y lo falso, lo espiritual y lo natural.

No dijo: «Esta luz vino del esfuerzo de la criatura, esta luz fue fruto de mi propia sabiduría, esta luz fue la naturaleza transmutada por algún acto de mi propia voluntad, y así fue surgiendo gradualmente por un cultivo largo y asiduo». Sino que atribuye toda aquella luz que poseía a Dios el Señor, como único Autor y único Dador de ella. Ahora bien, si Dios el Señor alguna vez nos ha mostrado a usted y a mí la misma luz que mostró a su siervo antiguamente, llevamos en nosotros, en mayor o menor medida, la solemne convicción de haber recibido esta luz de él.

Habrá, en verdad, muchas nubes de tinieblas que la cubran; habrá a menudo dudas y temores que se ciernen como nieblas y brumas sobre nuestras almas, sobre si la luz que hemos recibido es de Dios o no. Pero en los momentos solemnes en que el Señor se digna revivir un poco su obra, en tiempos y estaciones en que condesciende a atraer los afectos de nuestros corazones hacia sí mismo, a llevarnos a su presencia, a escondernos en cierta medida en la palma de su mano y a darnos acceso a él; en tales momentos llevamos en nosotros, a pesar de toda nuestra incredulidad, a pesar de todas las sugestiones del enemigo, a pesar de todas las dudas, temores y sospechas que se levantan desde las profundidades de la mente carnal, la solemne convicción de que tenemos luz, y de que esta luz la hemos recibido de Dios. ¿Y por qué? Porque podemos remontarnos a un tiempo en que no andábamos en tal luz, en que no sentíamos tal luz, cuando todo lo espiritual y celestial nos era oscuro, y nosotros éramos oscuros para ello.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 18

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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