Cuando Jesús murió en la cruz, la misericordia de Dios no se hizo mayor. No podía hacerse mayor, pues ya era infinita. Nos formamos la extraña idea de que Dios muestra misericordia porque Jesús murió. No; Jesús murió porque Dios muestra misericordia. Fue la misericordia de Dios la que nos dio el Calvario, no el Calvario el que nos dio misericordia. Si Dios no hubiera sido misericordioso, no habría habido encarnación, ni niño en el pesebre, ni hombre en una cruz, ni sepulcro abierto. La obra de Cristo en la cruz no influyó en Dios para amarnos, no aumentó ese amor en ni un solo grado, ni abrió ninguna fuente de gracia o misericordia en su corazón. Él nos había amado desde la eternidad pasada y no necesitaba nada que estimulara ese amor. La cruz no es responsable del amor de Dios; más bien fue su amor el que concibió la cruz como el único método mediante el cual podíamos ser salvos. Dios no se sintió diferente hacia nosotros después de que Cristo hubo muerto por nosotros, pues en la mente de Dios Cristo ya había muerto antes de la fundación del mundo. ¡Dios nunca nos vio sino a través de la expiación!
Fuente y atribución
Autor original: A. W. Tozer
Título original: Treasures from A. W. Tozer — 238
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de A. W. Tozer, publicado originalmente en Grace Gems.