La obediencia de Cristo a la ley divina supera toda obediencia humana, pues fue rendida a un Padre celestial y a una ley eterna. Quienes honran y obedecen a Dios no se encontrarán pisoteando con obstinación los deberes para con los padres y las autoridades terrenales, porque la ley superior, reconocida y amada, moldea y regula toda relación subordinada. ¡Ojalá que el temor de Dios en nuestros corazones santifique los lazos, los deberes y las pruebas de esta vida, haciéndolos servidores de su gloria!
Considera ahora la obediencia de Jesús. Fue una obediencia sustitutoria: aunque se sometió a una ley que jamás había quebrantado, no obedecía por sí mismo, sino como fiador de los suyos. Honró hasta el último precepto en nombre de aquellos por quienes, en el pacto de gracia, se había comprometido. Tu cabeza fiadora respondió en tu lugar a todas las exigencias de la ley que tú habías roto, pagando tu deuda y librándote de una condenación terrible y eterna.
Fue además una obediencia divina, la obediencia de Dios en nuestra naturaleza, y por eso la Escritura la llama la justicia de Dios; en ella somos hechos justos en Él. Si no tienes nada con qué pagar, escucha: «Por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Consider Jesus– in Obedience to Divine Law
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.