Cuerpo de Teología Práctica

La obediencia que nace de la fe

La verdadera obediencia cristiana se rige por la Palabra de Dios, brota de la fe y abraza todos los mandatos del Padre, encontrando en la sangre de Cristo el remedio para sus faltas.

Obediencia evangélica

Un verdadero cristiano no solo cree en la promesa de Dios, sino que obedece Su mandato. Cuando Dios dice: "No bebas de la copa encantada del pecado", el creyente responde: "mi Padre celestial me lo ha mandado, ¡y no me atrevo a beber!"

La obediencia debe tener la Palabra de Dios como regla. Esta es la piedra de toque. "¡A la ley y al testimonio!" Si nuestra obediencia no es conforme a la Palabra, es ofrecer fuego extraño; y Dios dirá: "¿Quién lo ha demandado de vuestras manos?" La obediencia filial es aquella que es conforme a la voluntad revelada de nuestro Padre.

La obediencia debe hacerse desde un principio recto, desde el noble principio de la fe. "La obediencia de la fe." Un manzano silvestre puede dar fruto hermoso a la vista, pero es agrio porque no procede de una buena raíz. Una persona moral puede dar a Dios una obediencia externa que a los ojos de otros puede parecer gloriosa; pero su obediencia es agria porque no procede de la dulce y agradable raíz de la fe. Un hijo de Dios le ofrece la obediencia de la fe, y eso mejora y endulza sus servicios.

Todos los mandamientos de Dios llevan el mismo sello de autoridad divina. Si obedezco un precepto porque mi Padre celestial me lo manda, por la misma regla debo obedecerlos todos. Un hijo de Dios obedece un mandamiento tanto como otro. "Yo respeto todos Tus mandamientos." Obedecer a Dios en algunas cosas y no en otras, revela un corazón enfermo. La obediencia filial se mueve hacia todo mandamiento de Dios, como la aguja apunta hacia donde atrae el imán.

Si Dios llama a deberes que crucifican la carne y la sangre, si somos hijos, aun así obedeceremos a nuestro Padre. "He apartado mis pies de todo mal camino, para guardar Tu palabra."

Aunque un creyente no puede obedecer perfectamente todo precepto, sin embargo lo hace evangélicamente. Aprueba todo mandamiento. "Consiento en la ley, de que es buena." Se deleita en todo mandamiento. "¡Oh, cuánto amo Tu ley!" Su deseo es obedecer todo mandamiento. "¡Oh, que mis caminos fuesen firmes para guardar Tus decretos!" En lo que queda corto, mira a la sangre de Cristo para suplir sus defectos. Esta es la obediencia evangélica; la cual, aunque nosotros no quedemos satisfechos con ella, Dios la acepta.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Watson

Título original: Body of Practical Divinity — Evangelical obedience

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.

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