Si no oramos continuamente "en el Espíritu", nuestros miembros se encogerán, por así decirlo, y nuestra armadura se caerá. Los caballeros de antaño se ejercitaban cada día con toda su armadura puesta, pues de otro modo no habrían podido soportarla ni usar sus armas con destreza y fuerza. Así también el guerrero cristiano debe, por la oración y la súplica, ejercitarse para la piedad. A esto se añade el "velar en ello": velar por la respuesta, esperar la manifestación del Señor más que aquellos que velan por la mañana. Y esto con toda perseverancia, sin rendirse jamás, sin aceptar un no por respuesta, rogando al Señor una y otra vez y luchando con él hasta que aparezca para bendecir, visitar y resplandecer sobre el alma.
¡Oh, cómo este remedio celestial mantiene cada parte de la armadura reluciente y al soldado activo y diestro en su uso! La armadura, por ser del cielo, ni se embota ni se oxida; somos nosotros quienes nos tornamos perezosos en su uso. Pero a nuestra aprehensión, la fe y la oración la hacen resplandecer más. ¡Cómo la oración de fe brilla sobre el cinto de la verdad! ¡Cómo pule la coraza de justicia y la ajusta al pecho! ¡Cómo hace relucir el yelmo al sol y agita sus plumas en todo su lustre nativo! ¡Cómo alisa cada abolladura que el escudo recibió de los dardos de fuego y lo dispone para nuevos encuentros! Y ¡cómo afila la espada del Espíritu, le da brillo y fortalece el brazo para blandirla con renovado vigor!
Este es el secreto de toda verdadera victoria. Todo está, todo debe estar bien, cuando nos hallamos en un estado de oración, meditación y vigilancia; y todo está mal cuando este remedio celestial se descuida, cuando las manos caen y las rodillas se debilitan, y la oración parece muerta e inmóvil en el pecho. Que haya en el alma un espíritu permanente de oración, y la victoria es segura. Satanás tiene poco poder contra el alma que posee un espíritu permanente de oración y vela con toda perseverancia. Pero sin este espíritu de oración, somos presa de todas sus tentaciones, y no podemos tomar, vestir ni usar la única armadura contra ellas.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.