Si hay algo más adecuado a nuestra condición, y más exigido por nuestras necesidades que cualquier otra cosa, es la oración.
Si hay un deber más frecuentemente ordenado por los preceptos, o más hermosamente recomendado por los ejemplos de la Escritura que cualquier otro, es la oración.
Si hay una práctica respecto a la cual la experiencia de todos los hombres piadosos de toda edad, todo país y toda iglesia ha coincidido, es la oración.
Si hay algo que, más que todo lo demás, distingue de manera decisiva el espíritu de piedad sincera e individual, es la oración.
De modo que puede afirmarse con seguridad que, donde el espíritu de oración es bajo en el alma de una persona, en un país, en una época o en una iglesia, sea lo que tenga de moralidad, de ceremonia o de generosidad, el espíritu de piedad es también bajo.
Cada acto sincero de adoración aumenta nuestra veneración por el glorioso carácter de Dios.
Cada confesión de pecado ahonda nuestro arrepentimiento.
Cada petición de un favor fomenta el sentido de dependencia.
Cada intercesión por otros amplía nuestra filantropía.
Cada reconocimiento de una misericordia enciende nuestra gratitud.
En vez de la iglesia penetrar el mundo con su propio espíritu, está recibiendo el espíritu del mundo en sí misma. En vez de dirigir, controlar y santificar el espíritu y los caminos de la época, ella misma es dirigida, controlada y contaminada por ellos.
Una señal sombría
Será una señal sombría de la cercanía de un día malo, cuando nuestras iglesias, al escoger a sus pastores, se guíen más por la estima al talento que a la piedad; por el amor a la elocuencia más que al evangelio.
El gran objeto de la vida para muchos cristianos profesantes parece ser llegar a ser ricos. Su fin principal no parece ser tanto glorificar a Dios y gozar de Él para siempre, como obtener y gozar del mundo presente. La riqueza es el centro de sus deseos, la tendencia invariable de sus anhelos. Jehová es el Dios de su credo, ¡pero Mamón es el Dios de sus corazones! Son devotos adoradores del dios de la riqueza.
El modo de ganar a los impíos para la piedad no es mostrándoles que sus placeres son los nuestros, sino que nuestros placeres son infinitamente superiores a los que ellos conocen.
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: Prayer
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.