Tal fue la oración del "hombre conforme al corazón de Dios." ¿Acaso el santo David necesitaba orar así? ¡Cuán necesaria, entonces, debe ser tal oración para nosotros, niños en la gracia! Es como si dijera: "Retenme, o me precipitaré de cabeza por el despeñadero del pecado." Nuestra naturaleza malvada, como un caballo de mal genio, es propensa a desbocarse. Que la gracia de Dios le ponga el freno y la contenga, para que no se precipite en el mal. ¡Qué pecado tan grave no podríamos cometer aun los mejores de nosotros—si no fuera por los frenos que el Señor nos pone, tanto en la providencia como en la gracia!
La oración del salmista se dirige contra la peor forma de pecado—la que se comete con deliberación y voluntariedad. Aun la gente más santa necesita ser "retenida" de las transgresiones más viles. Es cosa solemne encontrar al apóstol Pablo advirtiendo a los santos contra los pecados más detestables. "Haced morir, pues, lo terrenal que hay en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría." Colosenses 3:5. ¿Qué! ¿Acaso los santos necesitan advertencia contra pecados como estos? ¡Sí, la necesitan! Las ropas más blancas, a menos que su pureza sea preservada por la gracia divina, serán manchadas por las manchas más negras.
Cristiano experimentado, no te jactes de tu experiencia; tropezarás aún—si apartas la mirada de Aquel que es poderoso para guardarte de caer. Vosotros cuyo amor es ferviente, cuya fe es constante, cuyas esperanzas son brillantes, no digáis: "¡Nunca caeremos!" sino más bien clamad: "No nos metas en tentación." Hay suficiente yesca en el corazón del mejor de los hombres—para encender un fuego que arda hasta el infierno más bajo—si Dios no apagara las chispas al caer. ¿Quién habría imaginado que el justo Lot pudiera hallarse ebrio, y cometiendo inmoralidad? Hazael dijo: "¿Es tu siervo un perro—para hacer esta cosa?" y nosotros somos muy propensos a hacernos la misma pregunta de justicia propia. ¡Que la sabiduría infinita nos cure de la locura de la confianza en nosotros mismos!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: March 16 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.